Déficit de Atención y Alimentación: Por Dra. Mónica Núñez

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     Es preocupante que de una década a la fecha, se ha incrementado el  Trastorno por Déficit de Atención (TDAH) también llamado  Hiperactividad. Estadísticamente  se llega a presentar entre el 5 y   10 % de la población infantil y adolescente incluso  puede prevalecer en la etapa adulta.

Este padecimiento se define como un síndrome conductual de origen neurobiológico y genético. En donde los síntomas principales son: falta de atención, hiperactividad e impulsividad.

Medicamente se ha  asociado a la deficiencia de dopamina (neurotransmisor del sistema nervioso central), así mismo a alergias a determinados alimentos y conservadores químicos;  desde los años  70’s con los estudios realizados por el  Dr. Feingold, quien observó disminución de los síntomas  en  niños a quienes se les eliminaban de la alimentación los  salicilatos, colorantes artificiales, potencializadores del sabor y conservadores sintéticos.

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ALIMENTOS PROHIBIDOS EN  EL TDAH

En  2006, en la Revista The Proceedings of the Nutrition and Society*, publicó un análisis sobre los colorantes y saborizantes artificiales en la alimentación de los niños, concluyendo que estos tenían implicación en la  exacerbación de la conducta de niños hiperactivos  a  diferencia de aquellos de conducta normal. Y en los niños cuyos antecedentes genéticos estaban relacionados con la deficiencia de dopamina, efectivamente mejoraron su comportamiento conductual cuando los aditivos se evitaban. A continuación se mencionan algunos grupos de alimentos que se deben evitar en este padecimiento.

  1. Alimentos ricos en salicilatos: manzana, almendra, tomate, trigo, soya, lácteos, huevos, frutos cítricos.
  2. Conservadores sintéticos y otros aditivos químicos como: BHA. Antioxidante que da estabilidad a los productos de repostería y sopas deshidratadas, goma de mascar.
    BHT y TBHQ. Agregados a algunos cereales de caja crujientes. MSG. Glutamato monosódico, potencializador de sabor que se agrega a consomés concentrados, sopas y salsas.
  3. Ácido fosfórico. Se encuentra en los refrescos embotellados.
  4. Nitritos y nitratos. Se utilizan para la preservación de algunos cárnicos, embutidos, pescados y ciertos vegetales no orgánicos.
  5. Colorantes artificiales: principalmente rojos y amarillos, como tartacina, rojos cochinilla y allura.
  6. Saborizante artificial de vainilla.
  7. Aspartame: sustituto de azúcar y bebidas endulzadas con este producto.
  8. Azúcar refinada y alimentos que la contengan, debido al exceso de energía que produce. El azúcar disminuye el efecto en el organismo de vitaminas,  enzimas y  minerales, que estabilizan el estado de ánimo.
  9. Los productos lácteos, ya que pueden desencadenar cansancio física y mentalmente.
  10. El chocolate por su contenido en cafeína y cualquier alimento que la contenga; empeoran los síntomas.
  11. Pescados con alto contenido en mercurio, pueden disminuir la capacidad para enfocar la atención y concentrarse. Optar por otros con bajos niveles de mercurio como el camarón, la langosta o salmón.
  12. Refrescos que contienen colorantes artificiales y aromatizantes. Además de su contenido en cafeína.
  13. Otros alimentos y bebidas a evitar puede ser: el té, las bebidas energéticas, el jugo de frutas y la comida rápida.

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ALIMENTACION Y LINEAMIENTOS
     El buen funcionamiento cognitivo: son los procesos cerebrales que permiten realizar las tareas, procesar la información que nos rodea, interpretarla y actuar en consecuencia. Por lo que hay que realizar una alimentación adecuada,  manteniendo  un peso saludable.

El desayuno es el alimento fundamental y obligatorio cada día, debe ser suficiente y nutritivo, el  ayunar hace que se llegue a la siguiente comida con mucha hambre y se coma en exceso. Es frecuente que la mayor parte de la población haga un desayuno poco saludable que puede incluir altas dosis de hidratos de carbono, grasas saturadas y azúcares, que en exceso desencadenan obesidad.

Incluso las estadísticas en salud reportan que un 8% de los niños acuden al colegio sin haber desayunado, otro 20%, solo desayunan únicamente un vaso de leche y el 56% acompaña el vaso de leche con hidratos de carbono (pan, galletas, bollos…). Solo el 7.5% de los niños toman un desayuno equilibrado.

Es indispensable el apego a una dieta de restricción de algunos alimentos y productos químicos en un gran número de los casos con TDAH; así como considerar el tema de las alergias y la intolerancia a muchos productos, incluso a alergias a situaciones ambientales.

     Es recomendable considerar el peso antes de comenzar un plan de alimentación, y verificar que éste no sea demasiado restrictivo, ya que esto pudiera afectar su crecimiento y desarrollo en los niños, así como su sistema inmunológico. Por otra parte, la utilización de suplementos de vitaminas y minerales resulta adecuada en la mayoría de los casos; sin embargo, es recomendable que sea supervisado por su médico.

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     En la dieta de la persona con TDAH, es necesario saber que aquellos alimentos difíciles de eliminar pueden ser sustituidos por otros existentes en el mercado. Como es el caso de la pasta de trigo que puede cambiarse por pasta de arroz o maíz. (En caso de que el paciente no presente intolerancia o alergia); o bien, para cambiar el consomé concentrado de pollo, puede utilizar aquellos que venden en tiendas naturistas y cuya leyenda dice: “Libre de glutamato o GMS”. También, muchos de los alimentos a los que los pacientes presentan reacciones leves pueden rotarse en la dieta un par de veces por semana para evitar causar daño.

     Hay que suplementar  con vitaminas C, E y complejo B; por otra parte, las reservas de magnesio se han encontrado deficientes en algunos grupos de niños hiperactivos y, en este sentido, es recomendable una suplementación de 200 mg diarios.

     Las investigaciones concluyen que los omega 3 y 6, son adecuados para niños con problemas neurobiológicos, resultan efectivos en los problemas de aprendizaje, como en el déficit de atención; pero no en los trastornos de conducta.

     Por último, sobre la dieta, conviene esperar por lo menos 6 meses para decidir si es efectiva o no en cada caso, ya que, en varias ocasiones, los efectos positivos no se aprecian a corto plazo.

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Redacción

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