Regina. 2 de octubre no se olvida

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Regina une la herencia cultural mexicana con la alta espiritualidad del Tíbet para relacionar los acontecimientos de 1968 con deidades prehispánicas, tibetanas y católicas.

Velasco Piña logra enfocar la historia con una perspectiva espiritual que da nueva luz sobre la cultura y sobre nosotros mismos. Así, los dramáticos sucesos de 1968 en México pueden ser vistos como el paso hacia una Nueva Era —que requiere el sacrificio en Tlatelolco de la propia Regina junto con 400 mártires— y el resurgimiento de una nación.

FRAGMENTO  

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Reunión en la cumbre

Teotihuacan, “el lugar en donde los hombres se convierten en dioses”, la misteriosa ciudad erigida en el mismo sitio en que naciera el Quinto Sol, semejaba el abatido cuerpo de un gigante cuyos miembros yacían semisepultados y dispersos. Incontables siglos de olvido y abandono no habían logrado sepultar del todo a la imperial metrópoli. Los restos de sus antiguas edificaciones continuaban siendo insuperable ejemplo de grandiosidad y simetría.

Don Miguel y sus dos jóvenes hijos, tras descender del autobús de segunda clase que les condujera a la zona arqueológica, permanecieron largo rato en silencio, contemplando con la vista fija a la mayor de las pirámides, cuya colosal figura dominaba el paisaje. Después, al percatarse de que aún faltaba un buen rato para que el Sol llegase a la mitad de su diario camino, se dirigieron a un cercano puesto de refrescos. 

Mientras bebía lentamente su refresco, la mirada de don Miguel se posó en el calendario que colgaba descuidadamente de una de las paredes del local donde se encontraba. La fecha de aquel día aparecía subrayada con lápiz rojo: 21 de marzo de 1948.

Un estremecimiento casi imperceptible, pero que ponía de manifiesto la profunda tensión que le dominaba, se reflejó por unos instantes en el rostro habitualmente inescrutable del Supremo Guardián de la Tradición Náhuatl. Hacía ya más de cuatro siglos que los escasos mexicanos que habían logrado mantenerse en vela mientras el país dormía aguardaban, ansiosos, la llegada de esa fecha. A la memoria de don Miguel acudió el recuerdo de las últimas palabras de su padre, pronunciadas poco antes de su muerte: —In ilhuitl, tolhuih, tehuatzin tiquittaz, tinemi.

Antonio Velasco Piña nació en México, en 1935. Estudioso de la historia de nuestro país, en especial de la época prehispánica, y de distintas tradiciones sagradas de la humanidad. Ha publicado libros de ensayo y novelas, entre los que destacan Regina, Tlacaélel, El retorno de lo sagrado, Los siete rayos, La guerra sagrada de Independencia, El círculo negro, Dos guerreros olmecas y Cartas a Elisabeth.

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Redacción

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