Ya basta. Por Jorge Díaz

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     Hasta hace sólo algunos años cumplir con la tarea informativa, sin opinar, sin juzgar, sin menospreciar, sin calificar, era una labor respetada aún por aquellos que directamente estaban involucrados en algún hecho fuera de la ley.

Ahora la impunidad, la falta de respeto a nuestra actividad, el desorden social y de organización en el gobierno, sector privado y no se diga de los delincuentes y traficantes de droga y de personas, sólo por mencionar algunos, ha permeado en los periodistas y la ciudadanía en general.

El ataque cobarde en contra de Miroslava Breach es una muestra más de que publicar la verdad es más peligroso que traficar una dosis de cocaína o marihuana en la vía pública, y que atrás de ti esté un policía observando tus acciones para detenerte y llevarte a la cárcel.

Miroslava desnudó a la delincuencia organizada que opera en la Sierra Tarahumara y eso le costó la vida a pesar de recibir amenazas de “parale a su borlote” provenientes de esa gente sin escrúpulos, que bajo la protección de funcionarios corruptos, operan impunemente en el norte del país.

Hace 20 años “me perdí” durante un periodo de 10 días en la frontera de Chiapas con Guatemala y en Tapachula pude comprar un automóvil robado en Puebla, conseguir una factura falsa, tarjeta de circulación y otros aditamentos por 10 mil pesos.

La sorpresa de mi jefe en aquel entonces José Gutiérrez Vivó fue cuando le dije que quien me había vendido el Jetta del año con quema cocos, estéreo, rines de magnesio y lujosas vestiduras era nada más ni nada menos que el delegado de la Procuraduría General de la República en el estado de Chiapas, quien controlaba también el tráfico de droga y la prostitución en la frontera sur de México.

Al llegar a la Ciudad de México se puso en contacto conmigo un conocido que trabajaba en la Secretaría de Gobernación, en el área de inteligencia y el diálogo se registró así:

  • ¿“Donde andas wey”?
  • – “Voy para mi casa estuve en Chiapas haciendo un reportaje”
  • “¡No, dónde andas metido cabrón, aquí ya saben todo lo que fuiste a hacer allá!”.
  • Detuve el automóvil y me quedé callado por espacio de un minuto pensando que había hecho mal, quien pasó el reporte de lo hecho por este informador y sobre todo la prontitud de la llegada de mi investigación sin que yo la haya publicado.

El caso, es que el reportaje se publicó, se le avisó a Antonio Lozano Gracia, procurador en aquel entonces y hasta ahí quedó. Ahora parece que esos delincuentes impunes y cínicos toman “justicia” de propia mano pasando encima incluso de la policía municipal, estatal y federal.

Nuestra sociedad está tan descompuesta y corrompida que ni siquiera el gobierno le puede poner un alto a la delincuencia organizada, que sin darle vueltas al asunto, es el poder tras el poder, la mano que mece la cuna o como quieras decirle a ese control que los narcotraficantes, tratantes de blancas, traficantes de personas, órganos etc. Mantienen hoy en día.

La labor informativa está más expuesta que nunca, más débil en cuanto a la protección del periodista. Comisiones legislativas van y vienen, discursos de los que “quieren tomar la bandera defensora” de los periodistas en nuestro país, fiscalías especializadas, una Comisión Nacional de los Derechos Humanos inerte, pero las agresiones continúan y dedicarse a informar es más riesgoso que asaltar en vía pública.

Desde aquí un YA BASTA a los ataques contra nosotros, Miroslava lamentablemente es un eslabón más a esa cadena de violaciones a nuestros derechos, sin que nada ni nadie pueda detener esa dinámica.

Pero como siempre, tu tienes la última opinión

@jorgeplus60

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