Las dos muertes de un periodista. Por Jorge Díaz

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La cifra de informadores agredidos en los últimos años no tiene parangón, si se toma en cuenta que durante décadas, a pesar de tener una dictadura disfrazada, habían sobrevivido y  las amenazas quedaban en simples advertencias, cañonazos de dinero, invitaciones a comer o cualquier otro método para acallar la inconformidad de la ciudadanía, tapar malos manejos financieros o los excesos de un Presidente de la República.

En innumerables ocasiones he puesto el ejemplo de un reportaje que realicé y que daba cuenta del tráfico de automóviles robados en todo el país y que eran comerciados en la frontera sur de México.

En aquella ocasión quedó al descubierto que el delegado de la Procuraduría General de la República en Tapachula, Chiapas, controlaba este tráfico de vehículos y además, en su actividad de “diversificación” se encargaba de controlar la prostitución y el tráfico de drogas para consumo local y para enviarlas al principal consumidor del mundo que son los Estados Unidos de Norteamérica.

En aquel entonces el procurador Antonio Lozano Gracia, tuvo que aceptar la facilidad con la que conseguí factura, tarjeta de circulación y todos los permisos para hacer llegar ese coche a la Ciudad de México y todo quedó en la destitución de aquel funcionario que hacía de las suyas en Chiapas y la advertencia a todos los que trabajaban en la PGR de que se les estaba vigilando.

Auto de Miroslava. baleado

La situación fue mutando con los años y en la actualidad ya no queda en amenazas, advertencias por correo electrónico, hojas de papel mal escritas, llamadas telefónicas o diálogos personales; tanto las autoridades como la delincuencia organizada han creado una dinámica de agresiones que llegan al asesinato de reporteros, fotógrafos, directores de periódicos combativos.

Miroslava, Javier, Fernando, Cecilio,  son los las últimas muestras de la impunidad que ha permeado en la sociedad mexicana y que hace fácil matar a un periodista, creyendo que con eso cesarán las letras, las denuncias y la impunidad que acosa a nuestra sociedad, desde la esquina de tu casa hasta las oficinas gubernamentales.

“México no llegará a la Colombianización”, decían nuestros gobernantes que promovieron la dictadura perfecta que definió Mario Vargas Llosa, y que pensaron que la comodidad de la que gozan todavía no terminaría.

Esa zona de confort que decían, era eterna y que nada ni nadie les iba a quitar.

En una plática de café tuve el privilegio de escuchar a viejos periodistas, unos que se mantienen en la trinchera reporteril, editores, jefes de información de distintos periódicos oficialistas, y otros que “encueran” la realidad mexicana. Todos coincidieron que las recientes muertes de informadores no tienen, de ninguna manera, un solo perfil.

Cecilio Pineda. asesinado

Podrá morir el cuerpo de un periodista, marcar las heridas de bala como consecuencia del ataque de un sicario producto de la impunidad que reina en nuestro país, o marchitarse las flores que lleven los familiares y amigos, pero la voz de ese reportero, periodista, informador, jamás perderá vigencia.

Lo que intentan los autoritarios es que muera el periodista y en nosotros queda que no lleguen a la segunda muerte de nosotros, que sería imposible de reponer. la muerte del periodismo sincero, verdadero, ese que lamentablemente ya no se practica en México.

Esa segunda muerte de un periodista es la que quieren los intolerantes, los que quieren que no se les escape entre las manos la impunidad, el saqueo, el tráfico de droga, el dinero para los partidos políticos y sus dueños como a José López Portillo, entre muchos otros.

Por si no lo sabías, 6 de cada 10 agresiones a periodistas provienen de algún corrupto de los tres niveles de gobierno, cosa que contradice a lo que nos quieren hacer ver quienes no desean que se les diga la verdad y que “le cargan el muertito” a la delincuencia.

Los gatos dicen, tienen siete vidas, nosotros tenemos dos muertes y la segunda es la que tratan de imponernos desde las esferas que rodean a nuestros gobernantes, a los empresarios que quieren tener más utilidades,y  a los delincuentes que quieren dominar ciudades, barrios y estados completos de nuestra Federación. Pero eso no sucederá.

Pero como siempre tú tienes la última opinión.

Acerca del autor

Jorge Diaz

30 años de trayectoria en el Periodismo. Fue Productor, Reportero y Jefe de Redacción en Radio Red e Infored, además Jefe de Información en Tv. Azteca (radio) y Proyecto 40. Colaboró en “La otra opinión” del periodista Ricardo Alemán.

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