A todos nos ha pasado que por estar distraídos o por accidentes hemos tirado la sal en la mesa, y nos sugestionamos pensando que la mala suerte nos acompañara por un tiempo. Este pensamiento existe en casi todo el mundo; en Europa, desde hace muchos siglos, desparramarla se relaciona con un mal presagio, con la aparición del mismo diablo en persona, y para contrarrestar esta mala suerte, existe la tradición de esparcir sal por detrás del hombro izquierdo.

Una de las explicaciones históricas más difundidas es que Judas derramó la sal durante la Última Cena; el cuadro de Leonardo da Vinci titulado La Útima Cena muestra a Judas Iscariote derramando un salero sin intención, pero esta creencia popular sin embargo es dudosa, debido a que como antiguamente la sal era un bien apreciado, considerado un símbolo de confianza y amistad. Un proverbio alemán ya menciona esta idea al indicar que “aquel que derrama sal despierta a sus enemigos”.

La sal posee en muchas culturas una representación que se asocia a un símbolo religioso, se emplea en la elaboración del agua bendita en la Iglesia Católica  en cuya idea es de santidad, asociada con el exorcismo; las comidas servidas en las celebraciones del aquelarre son sosas, es decir libres por completo de sal.

La sal por sí misma siempre ha tenido un gran poder como símbolo, al estar relacionada con la naturaleza pues procede de la tierra y muchos elementos importantes en nuestra vida son salados, como las lágrimas, el mar, la saliva, etc. Tiempo atrás, la sal era consideraba como un elemento muy valioso y escaso, lo que hacía que su precio fuera elevado.

Debido a esto, tirarla era como desperdiciarla y por tanto, se consideraba un acto de poca fortuna. Este hecho ha ido variando con el paso de los años dando lugar a la mala suerte que entendemos hoy.

Otra explicación la tenemos en la importancia de ser un conservante en el pasado. Como platicamos alguna vez, antiguamente al no existir los refrigeradores para mantener los alimentos frescos, se utilizaba la sal como conservante de muchos productos, mediante un método denominado salazón; por ello se creía que el derramar sal traía la mala suerte y la desgracia a las casas, ya que en las épocas del año en la que la producción de sal no era fructífera, esta no podía ser empleada como conservante y los alimentos se pudrían antes, haciendo que las familias pudiesen incluso pasar épocas de hambrunas.

Además, también se usa la sal en rituales. Para protegerse del diablo, nuestros antepasados dibujaban un círculo de sal alrededor suyo, formando el llamado “círculo mágico”. Para contrarrestar el mal de ojo, de igual modo, se bañaban en agua con sal los pies y las manos o se bebía agua salada. Y un plato de sal debajo de la cama, absorbe la enfermedad del afectado.

Aunque a ciencia cierta no se puede determinar cuándo y dónde nace esta popular superstición, lo que sí podemos afirmar es que si la tiras, no está de más que agarres y lances una pizca por tu hombro izquierdo… por si acaso.

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