Los cometas son cuerpos celestes constituidos por hielo, polvo y rocas que orbitan alrededor del Sol siguiendo diferentes trayectorias, ya sean elípticas, parabólicas o hiperbólicas, lo que produce su acercamiento al Sol con un período considerable; junto con los asteroides, planetas y satélites, forman parte del Sistema Solar.

Fue después del invento del telescopio cuando los astrónomos comenzaron a estudiar a los cometas con más detalle, advirtiendo entonces que la mayoría de estos tienen apariciones periódicas.

Durante el siglo XVIII se descubrió que los cometas, como cualquier otro satélite, giraban alrededor del Sol en órbitas regulares pero muy alargadas, es decir que cuando los vemos es porque se encuentran en la parte más cercana de dichas órbitas, situación que puede ocurrir cada 12, 100 ó 100 mil años.

Edmund Halley fue el primero en darse cuenta de esto y pronosticó en 1705 la aparición del cometa que lleva su nombre, para el cual calculó que tenía un periodo de 76 años. Debido a su pequeño tamaño y órbita alargada, solo es posible ver los cometas cuando están cerca del Sol y por corto tiempo; se han dicho muchas cosas por su forma tan diferente de la de otros habitantes del espacio, sus contornos borrosos y porque aparecen de vez en cuando en el cielo, ya que pueden ser presagio de mala suerte o algún desastre próximo a ocurrir.

Jan Hendrik Oort, un astrónomo holandés, pensó a principios del siglo XX que podía haber una nube gigante e invisible, formada por miles de millones de planetoides, los cuales son menores que los planetas, pero más grandes que los meteoros, que giraban alrededor del Sol a un año luz de distancia; pero como la atracción de las estrellas es muy fuerte, alguno de estos planetoides cambiaría su dirección normal para girar alrededor del astro rey a una distancia mínima de millones de kilómetros.

Años después, el norteamericano Fred Lawrence Whipple supuso que los cometas estaban hechos de amoniaco y metano con material rocoso que permanecen congeladas mientras estén en la gran nube. Al acercarse al Sol, los hielos se evaporan y las partículas atrapadas en la capa se liberan por lo que el centro del cometa se rodea de una nube de polvo y vapor que se hace más espesa mientras está más cerca del astro rey.

Además con el viento solar, que es otra nube de partículas pequeñísimas que sale del Sol en todas las direcciones con una fuerza superior a la del cometa, se empujaría la nube de polvo y vapor formada alrededor de éste, alejándolo del Sol a medida que se acerca. Conforme el viento sopla más y más fuerte, la nube del cometa se estira en forma de cola, la cual se hace todavía más larga cuanto más próxima está del Sol.

Los cometas no duran mucho una vez dentro del Sistema Solar ya que al aproximarse al Sol van perdiendo tamaño hasta convertirse en diminutas rocas o desintegrarse en una nube de pequeños meteoros.

 Por eso, cuando vemos desde una “lluvia de estrellas”, no son más que las corrientes de meteoros que giran alrededor del Sol después de que el cometa se ha desintegrado y que súbitamente cruzan por nuestra atmósfera.

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