Luego de un motín que duró varias horas,  autoridades brasileñas confirmaron la muerte de al menos 52 reclusos del Centro de Recuperación Regional de Altamira, en el sudeste del estado amazónico.

De ellos, 16 fueron decapitados y los otros 36 perecieron asfixiadosderivados del humo que se propagó por diversos espacios del complejo carcelario después de que los atacantes se encerraran en un salón e incendiaron el penal.

Se trata de la segunda mayor masacre en presidios brasileños en lo que va de 2019, luego de que en mayo pasado, enfrentamientos en 4 cárceles del estado de Amazonas dejaron un saldo de 55 muertos en la capital de Manaos, también en el norte de Brasil.

El motín de este lunes  abre de nuevo el debate sobre las condiciones de las penitenciarias de Brasil, el tercer país con más reclusos en el mundo detrás de Estados Unidos y China.

“Fue un ataque localizado y orientado a exterminar integrantes de una facción rival. Ellos (los atacantes) entraron, mataron y prendieron fuego”, afirmó el secretario y dirigente de la Superintendencia del Sistema Penitenciario del Pará (Susipe), Jarbas Vasconcelos, en declaraciones a la prensa.

Durante el ataque, dos agentes carcelarios fueron capturados como rehenes, pero fueron liberados horas después sin heridas de gravedad. Equipos de socorro, de la Policía Militarizada, Civil y del Juzgado del estado se dirigieron al lugar de los hechos y finalmente lograron poner fin al motín.

El Consejo Nacional de Justicia detalló en un informe que el presidio mantiene un total de 343 reclusos, más que el doble de su aforo, que es de 163 plazas. El Centro de Recuperación Regional de Altamira cuenta con condiciones que fueron clasificadas como “pésimas”, debido a su situación de superpoblación y escasez de agentes carcelarios.

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