El dióxido de carbono atmosférico registrado por el observatorio atmosférico de Mauna Loa, situado en Hawái, alcanzó en mayo su nivel más alto desde que se iniciaron las mediciones hace 63 años, de acuerdo con científicos de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos y del Instituto Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego.

El registro de la media mensual del pasado mes de CO2 ascendió a 419 partes por millón, contra 417 registradas como media mensual en mayo del 2020, cifras que preocupan a los científicos porque no reflejan la disminución esperada durante la pandemia en las emisiones de CO2, principal causa del efecto invernadero generado por la actividad humana.

Pieter Tans, científico principal del Laboratorio de Monitoreo Global de dicha Oficina, explica que “estamos añadiendo a la atmósfera unos 40 mil millones de toneladas métricas de contaminación de CO2 al año”, lo que, precisa, “se trata de una montaña de carbono que extraemos de la tierra, quemamos y liberamos a la atmósfera en forma de CO2, año tras año.”

El sistema de medición del CO2 es conocido como curva de Keeling en honor al científico Charles David Keeling, primero en observar la existencia de un aumento y disminución de los niveles del CO2 en relación con las estaciones del año. Durante las estaciones en que crecen las plantas, estas remueven grandes cantidades de CO2 de la atmósfera.

Durante el otoño, invierno y comienzos de la primavera, plantas y suelos generan CO2, causando que los niveles de dióxido de carbono se eleven en el hemisferio norte hasta mayo, y Keeling fue también el primero en notar el aumento del CO2 por causas no naturales.

Para los investigadores, los niveles de dióxido de carbono están comparables a los que había en el planeta hace 4 millones de años, cuando el nivel del mar era 20 metros más alto que el actual, la temperatura media era más alta que en la época preindustrial y grandes bosques se extendían por las zonas del Ártico que ahora son tundra.

Para evitar un cambio catastrófico del clima y no seguir incrementando los niveles de CO2 en la atmósfera, los científicos ven una solución obvia que está al frente de nosotros: “La energía solar y la eólica ya son más baratas que los combustibles fósiles y funcionan a las escalas que se necesitan”, expresó Trans.

Agregó que “si queremos evitar un cambio climático catastrófico, la máxima prioridad debe ser reducir la contaminación por CO2 a cero lo antes posible”.

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