“Es importante seguir administrando las vacunas AstraZeneca donde estén disponibles. Casi 200 millones de personas en todo el mundo han recibido la vacuna contra el COVID-19 de AstraZeneca y los informes de efectos adversos son muy raros”, explicó Carissa Etienne, titular de la Organización Panamericana de la Salud.

En cuanto a la de Johnson & Johnson, Jarbas Barbosa, subdirector de la Organización, comentó que la pausa en Estados Unidos forma parte del proceso habitual y que demuestra que el sistema de vigilancia funciona.

A su juicio, “no creemos que la vacunación deba suspenderse. La recomendación es seguir usándolas y seguir fortaleciendo el sistema de vigilancia y asegurarnos de que estos eventos reciban una evaluación científica por los expertos científicos para que emitan una recomendación final”.

No obstante, confirmó que no se ha iniciado la distribución de la vacuna de Johnson & Johnson en la región y que podría empezar en junio o julio.

Sobre el posible rechazo de la vacuna de AstraZeneca por parte de Haití y Venezuela habló que trabajan con los respectivos Gobiernos y Ministerios de Salud para demostrarles la seguridad de la vacuna y advirtió que de rechazarlas se asignarán a otros países participantes en el mecanismo.

Ante la pregunta de qué puede significar para el mundo la falta de acceso justo a las vacunas en América Latina respondió que “si no alcanzamos el control de una manera equitativa en todo el mundo siempre vamos a tener la posibilidad de que puedan ocurrir nuevas variantes y no hay manera de hacer una previsión de cómo estas nuevas variantes van a afectar el comportamiento del virus, en relación con el virus original (…) y que en el peor de los casos se pueda desarrollar una nueva variante que no esté protegida por las vacunas actuales”.

En las Américas se han administrado hasta ahora más de 247 millones de vacunas contra el COVID-19, según recordó la doctora Etienne. (Naciones Unidas)

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