Llegamos al 12 de mayo y llega a nuestra mente la imagen de un judío alemán, padre de la niña que a través de su diario se hizo famosa durante la segunda guerra mundial y único sobreviviente de su familia en el holocausto: Otto Heinrich Frank.

Nacido en Fráncfort del Meno, el 12 de mayo de 1889, Frank sirvió en el Ejército alemán en el frente Oeste durante la I Guerra Mundial y consiguió el grado de teniente en 1915, llegando a recibir la condecoración de la Cruz de Hierro. Se casó con Edith Holländer el 12 de mayo de 1925, y su primera hija, Margot, nació el 16 de febrero de 1926; 3 años más tarde, nació Ana Frank.

Cuando Hitler llegó al poder, emigró en 1933 con su familia a Ámsterdam en Países Bajos, y se dedicó al negocio de la fabricación y venta de pectina y especias en la empresa Opekta; al invadir los alemanes en Holanda, se refugiaron en la buhardilla de su almacén durante 25 meses. Pero el 4 de agosto de 1944, la Gestapo detuvo a Otto y su familia, siendo deportados al campo de concentración de Westerbork y más tarde al de Auschwitz.

Desde Westerbork partían periódicamente trenes con rumbo a los campos de concentración en el Este. El sábado 2 de septiembre se dio a conocer la lista de los prisioneros que deberían partir al día siguiente, y entre los 1019 nombres figuraba el de Margot. Al día siguiente, de madrugada, un largo convoy de carga estaba listo para partir, transportando 70 prisioneros amontonados: hombres, mujeres y niños, jóvenes y ancianos, sanos y enfermos. Los Frank consiguieron viajar juntos.

La travesía duró 3 días, aunque a la tercera noche, el tren se detuvo repentinamente. Las puertas de los vagones se abrieron. “¡Bájense! ¡Rápido, más rápido!”, les gritaban unos hombres vestidos en trajes a rayas, que los obligaban a dejar sus equipajes a bordo del tren. Eran prisioneros de Auschwitz, cuya tarea consistía en sacar de los trenes a la gente a medida que iba llegando. En el andén patrullaban soldados de las Escuadras de Defensa Nazi con perros. Llevaban látigos en la mano y reflectores muy potentes iluminaban los andenes. Los hombres tenían que colocarse de un lado, las mujeres del otro. Esta fue la última vez que Otto Frank vio a su mujer y a sus hijas.

Otto fue liberado en Auschwitz el 27 de enero de 1945, cuando los nazis abandonaron el campo poco antes de la llegada de los soviéticos, llevándose a los prisioneros que aún estaban en condiciones de caminar. A finales de enero llegó al campo de Mauthausen donde los prisioneros realizaban trabajos pesados. Otto fue repatriado a Holanda en junio de 1945, donde se encontró con las personas que lo habían ayudado, entre ellas Miep Gies, quien guardó el Diario de su hija Ana para entregárselo a la muchacha cuando volviera.

Otto inició gestiones de búsqueda, investigó entre listas de la Cruz Roja, entrevistó sobrevivientes, pero fue en vano, hasta que supo de la muerte de su esposa, Edith Höllander, el 6 de enero de 1945 por inanición en Auschwitz; en julio de 1945, recibió la carta de una muchacha holandesa que compartió con Anne y Margot en el campo de concentración de Bergen-Belsen, Alemania, confesándole que sus hijas no volverían.

En los años de la posguerra, Otto abogó por los derechos humanos y el respeto. Junto con Fritzi, su segunda esposa, respondía a miles de cartas de lectores del diario que le llegan de todo el mundo. Tras la guerra el único superviviente de la familia Frank fue Otto, quien recogió el diario de su hija y, tras un tiempo de reticencias, decidió publicarlo en su memoria.

En 1951, contrajo matrimonio con Fritzy Geiringers, madre de Eva Schloss, matrimonio que duraría 27 años. Hasta el día de su muerte, el 19 de agosto de 1980, a los 91 años, Otto Frank continuó promoviendo el mensaje de tolerancia y compasión por el mundo.

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