Muere Huberto Batis, animador del “Sábado”, enorme suplemento cultural. Por Jose Luis Morales B.

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     Fue mi maestro de revista cultural en la Facultad de Filosofía y Letras, pero nunca me enseñó nada del mundo de las ediciones, que fue el motivo por el cual me inscribí en su materia.

     Llegaba, se sentaba en la silla o en el escritorio y empezaba a lanzar dardos contra todo mundo, a contar chismes que nada tenían que ver con la literatura o el periodismo, y que lanzaba sin clemencia con una sonrisa en los labios y un cigarrillo a medio consumir entre los dedos manchados de tabaco.

     Lo recuerdo como un tipo desaseado y libidinoso, siempre vestido de negro, que babeaba de lujuria mal disimulada frente una alumna de hermosas piernas, o que seguía con la mirada lasciva unas buenas nalgas sin importar a quien tuviera enfrente.

     Del escritor Sergio Fernández, autor de una novela espléndida, Los peces, nos contó una vez: “¿Ya lo vieron bien? – refiriéndose a las blusas floreadas que llevaba el también experto cervantista y a su forma afeminada de caminar – Sólo le falta la bolsa para ser toda una señora”.

     De uno de sus alumnos que más fervorosamente lo seguían, Adolfo Castañón, nos dijo una vez: “¿Ya lo vieron? Se escarba la nariz con un dedo y, creyendo que nadie lo ve, se come los mocos”, cosa que podíamos constatar cuando el hoy experto en la obra de Alfonso Reyes y académico de la lengua se presentaba en la clase como caído del cielo.

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Así era el maestro Huberto Batis, quien falleció recientemente como consecuencia de su eterno vicio de fumador.

     Dentro de su trayectoria literaria destaca su dirección del Suplemento Sábado del periódico Unomásuno, que heredó de Fernando Benítez cuando éste se retiró de ese medio, llevándose consigo a todos sus colaboradores estrella: Octavio Paz y Carlos Fuentes, los mayores.

     Batis tuvo que fletarse a armar una publicación cultural semanal prácticamente sin recursos económicos y con colaboradores bisoños la inmensa mayoría, lo cual forma parte hoy de su leyenda porque ahí se formaron muchos de los escritores que hoy ostentan un nombre como figuras literarias, Guillermo Fadanelli y Xavier Velasco, entre los más destacados.

     Pero sin duda, al menos para mí, lo mejor de ese suplemento fue la estupenda sección bibliográfica donde de puño y letra Humberto Batis daba cuenta semana tras semana de los libros que llegaban a su redacción, que a sus lectores nos permitía estar al día de las novedades en arte, literatura, filosofía, historia, antropología y de manera especial sexualidad y erotismo. Porque dentro de sus pasiones, HB era una especie de pornócrata literario profesional que amaba ilustrar los artículos del suplemento con atrevidos dibujos eróticos de Eko y fotografías de chicas hermosas posando en poca ropa, las cuales aceptaban ser fotografiadas en un viejo sillón de la oficina de Batis a cambio de nada, sólo de la admiración de los libidinosos ojos de quienes esperábamos con ansia esas imágenes cada semana.

     También recuerdo con agrado la sección El Desolladero, donde se daban tremendos agarrones entre gente de toda ralea que saltaba al ring y se daban hasta con la cubeta. De ahí recuerdo una discusión entre Guillermo Tovar y de Teresa y un grupito de investigadores del Departamento de Estéticas de la Facultad de Filosofíñla y Letras, a causa de que éstos se birlaron varios párrafos de un libro de Tovar sin darle crédito, discusión que concluyó cuando el historiador de arte y bibliófilo autodidacta les objetó que él solo había publicado más libros y realizado más investigaciones que todos ellos juntos.

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     La mayor cercanía con Batis la tuve no en el terreno de la literatura, sino de la maledicencia, una tarde que se me ocurrió comentarle que Roberto Vallarino, otro de sus más cercanos llñallegados, me había comentado que solían reunirse en la casa de Vallarino a platicar de literatura y beber chartres hasta perderse se borrachos. Batis explotó contra el ensayista y poeta, ya también difunto, y me dijo encolerizado “ese tipo además de mentiroso, es un mariguano que gusta de fumar mota enfrente de su familia”.

     Otra vez le comenté que uno de sus libros sobre literatura y erotismo se parecía mucho al de un italiano publicado en español años atrás y me dijo muy serio que él no era ladrón y ahí terminó el diálogo, no quiso hablar más.

     Ese era Huberto Batis, un hombre y escritor de claroscuros, a quien no obstante nadie puede regatearle el apoyo que siempre le brindó a un sinnúmero de escritores jóvenes para publicar su primeros textos en el suplemento cultural del unomásuno y consolidarse como escritores cuando nadie les abría la puerta.

     Tengo la impresión de que de haber vivido sin tantos apremios económicos habría consumado una obra sin par en el ámbito de la literatura, por su elegante prosa y su gran desenfado y talento para escribir, pero esto ya no podremos saberlo.

     Por mi parte, reconozco la influencia que recibí de su labor bibliográfica para editar la mejor revista de libros que ha existido en México, Pie de página, pero esa es otra historia.

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