¡México negro y querido!, donde todo puede convertirse en sueño guajiro!. Por José Luis Morales Baltazar

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Hace unos días el tormentoso Donald Trump pidió a través de Twitter al presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, intervenir para liberar a un ciudadano estadounidense acusado de terrorismo en aquel país.

“Es una vergüenza total que Turquía no libere al respetado pastor estadounidense Andrew Brunson de prisión”, expresó Trump en Twitter, y agregó: “No ha hecho nada malo, y su familia lo necesita!”.

Al día siguiente, Eduardo Balareza, abogado deJoaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, pidió lo mismo para su cliente a Donald Trump: que haga ‘algo’ para que lo liberen de permanecer detenido en Nueva York acusado de 17 delitos como líder del cártel de Sinaloa. “Consideró una ‘total vergüenza’ que Estados Unidos ‘no libere al respetado agricultor mexicano” (…), a quien también calificó de “maravilloso padre y esposo cristiano” que “No ha hecho nada malo, y su familia lo necesita!”.

Esto también a través de Twitter.

Más que un sueño guajiro de este abogado, se trata de un golpe de efecto para atraer la atención del público y los medios hacia el caso de su cliente, lo que por supuesto logró.

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Al respecto, tres o cuatro meses antes tuve la oportunidad de escuchar una entrevista que le hicieron en la radio a ese mismo litigante, en donde a las imputaciones que existen contra el supuesto narcotraficante mexicano (Inocente hasta que no se le demuestre lo contrario), él abogado fríamente respondió, a todas y cada una de ellas:

  • ¿A usted le consta?, ¿tiene pruebas?

Esto es justo lo que busca resaltar y viene alegando desde años Eduardo Balareza, abogado de “El Chapo”: la falta de pruebas jurídicamente válidas para mantener en la cárcel a Guzmán e incluso aún, para haberlo deportado a EU.

Exactamente lo mismo que mi madre argumentó al prefecto de una de las tantas secundaria en las que estuve cuando me acusó sin pruebas de romper un vidrio:

  • ¿A usted le consta?, ¿Tiene Pruebas? ¿O nomás habla porque tiene hocico?, le gritó mi madre.

Ante la falta de evidencias, el director el director suspendió el castigo y me mandó de vuelta a mi salón, no obstante que yo sí había roto el vidrio y era culpable, pero no me lo pudieron demostrar con pruebas pues mis cómplices y amigos recogieron rápidamente los trozos del cristal roto, las astillas que cayeron al piso y hasta el polvo que se aglutinó, desapareciendo así el objeto del delito y las pruebas que me incriminaban.

Y como no hubo “muertito” qué presentar ni testigos que levantaran la voz porque con la pura mirada los contuvo mi hermano mayor, simple y sencillamente no me castigaron, me dieron avión y mi expediente quedó limpio.

Mi madre nunca supo la verdad, y por esa razón me defendió mucho mejor que aquel expresidente que prometió defender al peso como perro y miren en cuánto anda la moneda.

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Es lo que sucede hoy con El Chapo:

¿En dónde está la droga?, ¿En dónde está el dinero?, ¿en dónde están los testigos que lo acusan ante la justicia?

Luego de dos escapadas de la cárcel y de varios años dentro de ella es hora en que no sabemos por qué delitos exactamente se le acusa, con base en qué pruebas y evidencias específicas y por qué se le mantenido encarcelado

Indefinidamente sin dar cuenta de nada, sólo que debe esperar la inexplicable demora de su sentencia.

Todo mundo sabe que El Chapo es un delincuente, pero si no existen pruebas ni evidencia suficientes para demostrarlo, con toda la pena del mundo debe salir de la prisión y hasta exigir una disculpa por el tiempo que ha pasado encerrado.

Joaquín Guzmán Loera es tan cínico y culpable como yo aquella malhadada tarde cuando rompí un vidrio y me juzgaron sin pruebas ni evidencias porque una mano santa las desapareció piadosamente para mí, pero injustamente para mantener el orden y la disciplina en la escuela.

  • Profesionalizar la impartición de justicia en México es un asunto pendiente desde hace años y con graves consecuencias para el país, porque cada día se detiene y encierra a mucha gente inocente, y se le sentencia a años de cárcel sin pruebas ni evidencia de nada, mediante investigaciones que nunca se realizan, juicios amañados y venta indiscriminada de la ley y la justicia.

Aunque de todo esto (al igual que la mayoría de los jueces y magistrados que forman parte de esa cloaca y reciben estupendos sueldos), aunque de todo esto, repito, no tengo pruebas ni evidencia, porque también saben ocultar su basura debajo de la alfombra.

Bastaría recuperar el supuesto dinero malhabido del Chapo, a quién se le llegó a colocar como uno de los hombres más ricos de la Tierra, para realizar exitosamente varios de los proyectos del próximo gobierno.

Y si agregáramos todo lo que se han robado los políticos, funcionarios y empresarios corruptos que van de salida o siguen ahí mamando dinero del erario, como dijo mi tío “El Chonillo”: “Estaríamos hechos”.

¡Pobre México negro y querido!, donde todo puede convertirse en un sueño guajiro!

@monitor1110am

 

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