La constructora brasileña Odebrecht, intenta salir adelante luego del mega escándalo de sobornos y corrupción de sus directivos y en el que se vieron inmersos políticos de alto nivel en varios países latinoamericanos y supone que cambiar de nombre al negocio le ayudará.

Por ello, desde ahora se denominará con las siglas OEC, lo que traerá aparejado otra identidad visual.

En un comunicado, la compañía de triste historial informa que “Odebrecht Ingeniería y Construcción anuncia la renovación de su marca adoptando ahora las iniciales ‘OEC'”.

Se asegura que esto forma parte del proceso de reestructuración y transformación que inició la empresa luego de aceptar su implicación en la trama destapada en la empresa estatal brasileña Petrobras, investigación que se extendió a una decena de países en Latinoamérica y África y enlodó incluso a expresidentes.

La consultora Keenwork  es la encargada de llevar a cabo este cambio de imagen a partir de mayo en todas las comunicaciones de la empresa, dejando atrás el rojo por los colores verde, azul y gris.

La empresa destacó algunas medidas impulsadas en los últimos años para mejorar su administración en la búsqueda de erradicar todas las malas prácticas que la han hecho tan conocida por sus sobornos.

Odebrecht recordó los acuerdos firmados con autoridades de Brasil, Estados Unidos, Suiza, República Dominicana, Panamá, Ecuador, Perú y Guatemala, en los que reconocieron las prácticas ilícitas cometidas, aportó pruebas de las mismas y pagó multas millonarias. De México, nada.

La compañía brasileña protagonizó con otras constructoras el mayor escándalo de corrupción en la historia del país al participar de una red que desvió millonarios fondos de Petrobras por medio de licitaciones fraudulentas y contratos inflados.

En Brasil, la operación conocida como Lava Jato ha llevado a prisión a importantes empresarios y políticos desde 2014, entre ellos a los expresidentes Luiz Inácio Lula da Silva y Michel Temer, quien fue preso preventivamente durante cuatro noches en marzo pasado. En otros países como Perú, la ola de corrupción incluso cobró la vida del expresidente Alan García.

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