No es nuevo esto: un número importante de judíos ortodoxos abarrotaron la noche del domingo varias calles del suburbio de Bnei Brak, en Tel Aviv, para asistir al funeral de un rabino que murió por complicaciones relacionadas con el covid-19.

La Policía israelí había tratado de impedir las congregaciones masivas ante las restricciones sanitarias mediante negociaciones con líderes judíos, pero estos intentos fracasaron ante la cerrazón de los ortoxodos.

Asistentes al entierro intentaron derribar las vallas policiales y se enfrentaron con los agentes policiacos que trataron de impedir que avanzaran hacia la procesión fúnebre.

El rabino Chaim Meir Wosner contrajo el coronavirus el mes pasado y fue tratado en su domicilio hasta que lo hospitalizaron de gravedad cuando sus niveles de saturación de oxígeno disminuyeron. Falleció en la tarde del domingo a los 83 años.

El diario The Times of Israel menciona que las autoridades israelíes son objeto de críticas por no impedir los funerales multitudinarios efectuados la semana pasada y por emitir de manera desproporcionada multas en las localidades de mayoría laica.

En otras palabras, un uso diferente del rasero para 2 situaciones en plena pandemia y cuando el gobierno avanza rápidamente en las vacunaciones.

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