Este 4 de marzo recordamos el natalicio de un compositor, violinista, profesor y clérigo italiano del barroco que se convirtió en una de las figuras más relevantes de la historia de la música. ahora hablaremos del gran Antonio Vivaldi.

Antonio Lucio Vivaldi nació el 4 de marzo de 1678 en Venecia, entonces capital de la República de Venecia, siendo hijo del violinista Giovanni Battista y Camilla Calicchio; fue bautizado en su domicilio inmediatamente después de su nacimiento, lo que dio lugar a la creencia de que pensaban que su vida estaba en peligro de alguna manera. A pesar de que no se conoce con certeza, el bautismo también pudo deberse a un terremoto que sacudió la ciudad ese día.

En su infancia, su padre le enseñó a tocar el violín pero a los 15 años empezó a estudiar para ser sacerdote, ingresando en un seminario y recibiendo sus primeras órdenes religiosas: el 23 de marzo de 1703 obtuvo este grado. Más inclinado hacia la música que a las obligaciones eclesiásticas, logró que se le dispensara de dar misa por razones de salud, aunque sufría de asma o “angina de pecho”, pero no le impidió tocar o componer.

En septiembre de 1703, Vivaldi se convirtió en maestro de violín en un orfanato de Venecia; aunque es más famoso como compositor también fue famoso por tener un dote excepcional técnico. Durante los siguientes 30 años compuso la mayor parte de sus obras más importantes mientras trabajaba en el instituto, escribiendo conciertos, cantatas y música sacra vocal; en 1704, se añadió el cargo de maestro de lira viola y para el año siguiente Giuseppe Sala publicó la primera colección de sus obras: su Opus 1 es una colección de doce sonatas para dos violines y bajo continuo, en un estilo convencional.

En 1709 apareció su Opus 2, una segunda serie de doce sonatas para violín y bajo continuo, pero su verdadero avance como compositor llegó con su primera colección de doce conciertos para uno, dos y cuatro violines con instrumentos de cuerda, L’Estro Armonico Opus 3.

Para 1716, lo ascendieron a director musical del orfanato lo que le convertía en responsable de toda la actividad musical del mismo, en una época en la que la ópera fue el entretenimiento musical más popular en Venecia y el más rentable para Vivaldi, por lo que comenzó su carrera como compositor del género: Nerone fatto Cesare de 1715 y “Arsilda, regina di Ponto” en 1716 fueron un rotundo éxito, pero fue hasta que se trasladó a Mantua cuando escribió “Las cuatro estaciones”, cuatro conciertos para violín que representaban escenas de cada estación del año. Tres de ellos fueron originales en su concepción, mientras que para el primero, «Primavera», tomó prestados motivos de una sinfonía del primer acto de su ópera contemporánea Il Giustino.

La obra fue una revolución musical en su concepción: en estos conciertos representó arroyos fluyendo, pájaros de diferentes familias cantando, perros ladrando, mosquitos zumbando, pastores llorando, paisajes helados, niños patinando sobre hielo y cálidos fuegos en invierno, ente otras. Fueron publicados como los primeros cuatro conciertos en una colección de doce en Amsterdam en 1725.

En la cúspide de su carrera, Vivaldi recibió encargos de la nobleza y realeza europea al grado de que el emperador Carlos VI le otorgó el título de caballero, una medalla de oro y una invitación a Viena en 1728, a lo que el compositor le correspondió con un manuscrito de La Cetra, un conjunto de conciertos casi por completo diferentes del conjunto con el mismo título y publicados como Opus 9. La impresión probablemente se retrasó, lo que obligó a Vivaldi a preparar una improvisada versión para el emperador.

Sin embargo, como muchos compositores contemporáneos, los últimos años de su vida los pasó con dificultades económicas; sus trabajos ya no tenían tanta estima como antes en Venecia, donde habían cambiado los gustos musicales, Vivaldi optó por vender un número considerable de sus manuscritos a precios ínfimos para financiar su desplazamiento a Viena, pero empobreció y murió de una infección interna la madrugada del 28 de julio de 1741, a la edad de 63 años, en una casa propiedad de una viuda de un fabricante de sillas de montar. Ese mismo día fue enterrado en el cementerio de un hospital público, cerca de la Iglesia de San Carlos Borromeo.

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