Margarita se baja del caballo: causas y consecuencias. Por Alfredo Vega

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     Margarita Zavala dio a conocer  el pasado 6 de octubre de 2017 su renuncia al Partido Acción Nacional, “sin rencores” y para buscar una candidatura independiente, debido a que no había oportunidades para competir por la nominación en un partido copado, tomado y fragmentado por las ambiciones políticas de Ricardo Anaya, quien se hizo de la candidatura de Acción Nacional a costillas de generar fracturas al interior del mismo.

     En ese tiempo, la esposa del expresidente Felipe Calderón hacía cuentas alegres, o al menos las que ofrecían algunas encuestas que le daban incluso el segundo lugar en las preferencias, solo superada por Andrés Manuel López Obrador. Se asumiría como candidata ciudadana, buscaría primeramente registrarse, y después, cumplir los requisitos electorales para aparecer en la boleta.

     Dejar un partido y volverse candidata ciudadana le fue tan fácil como cruzar de una acera a otra, porque así sucede en la política de nuestro país.  Tenaz en sus aspiraciones, pero señalada por muchos como una de las responsables de desacreditar la figura de la candidatura independiente por surgir de un partido político, Margarita pensó que podría llegar lejos, pero diversos factores provocaron que anunciara una segunda renuncia en un lapso de 7 meses; esta vez, a su propia aspiración presidencial.

     Zavala Gómez del Campo enfrentó a un sistema electoral en el que los partidos políticos tienen secuestrado el proceso, y para ello, impulsaron a través del Congreso toda clase de candados para asegurarse que no les madrugara un independiente en la competencia electoral, utilizando para ello su control del Instituto Nacional Electoral mediante las cuotas obtenidas a la hora de elegir consejeros, según los expertos.

     Las condiciones impuestas para que un ciudadano compita con candidato de partido hicieron muy difícil, por no decir imposible, lograr una candidatura. Obtener más de 800 mil firmas de apoyo y recabarlas a lo largo y ancho de la geografía nacional, usando para ello una aplicación para teléfono móvil que en no pocos casos se prestó para acciones fraudulentas, como sucedió con Jaime Rodríguez y Armando Ríos Pitter, quienes presentaron a la autoridad electoral cientos de miles de firmas falsas.

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     Margarita también presentó algunos registros falsos, pero como argumentó con pruebas que ella no era la responsable de recopilar  esos apoyos ilegales, el INE le entregó la constancia y la incluyó en la boleta del primero de julio, ante las críticas de ciudadanos y analistas.

     Pudo superar esta primera barrera, pero la siguiente fue insalvable. Con escasos recursos económicos vía financiamiento privado, renunciando a los recursos ofrecidos legalmente por el INE, pocos spots en tiempos oficiales para promover su  oferta política y el lastre que le significó el cuestionado gobierno de su marido Felipe Calderón, a quien siempre defendió y del que nunca se deslindó cada vez que fue cuestionada sobre ello, Zavala tiró la toalla de una manera digna.

     Se veía venir. Todos los factores mencionados la hicieron ir cayendo en las encuestas, sus índices de apoyo ciudadano fueron descendiendo, y de los 2 dígitos con los que apareció en octubre pasado en los sondeos, hoy día apenas llegaba a 5% en el mejor de los casos.

     Renunció a sus aspiraciones pero no se sumó a ningún candidato, y ya aparecieron quienes en su afán de recoger parte del escaso botín electoral que abandonó la primera dama, son capaces de modificar su discurso y pasar de las descalificaciones a los elogios de la noche a la mañana, como el caso de Ricardo Anaya.

     Nadie puede garantizar que los zavalistas se sumarán al candidato del Frente, pues los agravios son muchos, aunque en un sistema de partidos donde muchos se mueven según su conveniencia y no por su ideología, todo es posible. No veo a los zavalistas agrupados en torno a Ricardo Anaya porque el queretano fue el factor principal que los alejó del panismo y las fracturas parecieran no tener cura.

anaya y zavala

     Veo más a los seguidores de Margarita entre las huestes de José Antonio Meade, miembro del gabinete de Felipe Calderón. El trato entre ambos siempre ha sido cordial y diríase que amistoso, por lo que, aunque sean pocos, los priistas aceptarán gustosos los sufragios de aquellos que simpatizan con Zavala pero que hoy que se quedaron huérfanos de candidatura y no quieren voltear hacia el PAN. No es su mejor opción.

     Finalmente, otras consecuencias a la vista: una, Margarita Zavala queda mejor posicionada ahora que dejo de ser candidata, y si Anaya fracasa en su intento por llegar a la silla presidencial, será la esposa de Felipe Calderón una excelente carta para regresar al partido, cerrar las heridas  y encabezarlo, otra, su influencia en el futuro político de Anaya si Ricardo no vence a Andrés Manuel López Obrador; y una tercera, el futuro de las candidaturas independientes a la Presidencia de la República porque hoy, solo queda un candidato en la contienda, y ese, pertenece al Tribunal Federal Electoral, no a los ciudadanos, sellando así el fracaso de esta figura, al menos en este periodo electoral.

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