Ciudad de México: falta de educación o de autoridad. Por Alfredo Vega

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     Muchas discusiones de café, de sobremesa familiar o de amigos, siempre sacan a colación situaciones que se viven día con día en la Ciudad de México, y en no pocos casos caemos en el debate de si hay situaciones producto de falta de educación o bien es asunto de carencia de autoridad.

     Seguramente son muchísimos los ejemplos que se pueden tomar en los cuales uno debiera cuestionarse si se trata de problemas de actitud o si de plano no hay quien aplique la ley.

     Viene esto al caso porque la decisión tomada el pasado mes de febrero del año en curso por alguna autoridad capitalina desde la comodidad de un escritorio, retiró de las calles y avenidas de la urbe a las trístemente célebres grúas, que lo mismo levantaban autos mal estacionados que descompuestos o aparcados en zonas restringidas.

     ¿Es naturaleza humana sacar raja de los vacíos de autoridad?, o no se nos enseñó en casa desde la niñez que hay cosas que se pueden hacer y cosas que no, para una mejor convivencia social.

     Las grúas eran un dolor de cabeza porque los conductores de las mismas estaban en la mayoría de los casos más dedicados a extorsionar automovilistas que a desalojar de la vía pública vehículos infractores. Ya era tradicional ver el gruyero levantando lentamente un automotor para dar tiempo a que llegara el dueño para recibir su mordida y no llevar la unidad al corralón. O bien calzar el auto y darse una vuelta a la manzana para darle tiempo al propietario a “arreglarse”.

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     Quizás por eso se decidió quitarlos, pero pareciera que resultó peor el remedio que la enfermedad, porque al menos en lo personal, me topo todos los días con automovilistas, camioneros, repartidores y microbuseros, entre otros, que se estacionan en donde se les pega la gana, sea o no lugar prohibido.

     Como la autoridad ya no se hace presente, si así se les puede llamar a los gruyeros, aparecen como hongos miles de cavernícolas al volante que se estacionan en entradas  de vehículos, zonas de hospitales, de hidrantes, vías primarias, bahías, zonas peatonales, rampas de minusválidos, segunda o hasta tercera fila.

     Y a joderse. No hay poder humano que los mueva, o bien uno se anima a reclamar con el riesgo de llevarse una mentada de madre.

     Aunado a esto, franeleros cómplices que lo mismo apartan lugares que le estacionan su coche en lugares prohibidos. Bueno, hasta policías que en lugar de vigilar se dedican al ya famoso “viene viene2 a cambio de unas monedas.  Se trata pues de una ciudad en donde la ley de la selva impera y en donde cada vez es más evidente la ausencia de autoridad, exactamente como el hoy flamante senador Miguel Angel Mancera dejó a la capital del país.

     Y luego se preguntan por qué perdieron la elección de julio.

     Cosas como esta, hacen que siempre llegue a la sobremesa de alguna casa, café  o restaurante el eterno debate de si las violaciones a la ley se producen porque no existe la autoridad o si se trata de una alarmante falta de educación entre muchos habitantes de una ciudad en donde el tráfico, los encharcamientos, las inundaciones, las malas vialidades, los gorilas del transporte público, semáforos mal sincronizados, obras y las prisas, la han convertido en una gigantesca selva en donde muchas veces no le queda a uno mas que rascarse con sus propias uñas, acostumbrarse, adaptarse, hacer entripados todos los días o hacerse de la vista gorda.

Ejemplos sobran, día con día.

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