AMLO y las razones del triunfo. Por Alfredo vega

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     A 2 semanas de que concluyan las largas, larguísimas campañas electorales en México, probablemente el hartazgo es tal que lo que muchos quieren es que ya se terminen. Si durante varios meses los candidatos nos aportaron muy poco para conocer lo que nos ofrecen a cambio de nuestro voto, difícilmente lo harán de aquí al día 27 de junio cuando concluye el proselitismo para abrir paso al llamado “periodo de reflexión”.

     No pocos optarán por seguir las incidencias del Mundial de fútbol, en donde el negocio de las televisoras y la Federación Mexicana de Fútbol se reducirá a los 3 o 4 partidos que se predice jugarán nuestras glorias nacionales antes de ser eliminadas, y que más que representar a un país, abanderan los intereses de un puñado de empresarios que manejan el deporte del balón y las patadas.

     Da risa ver cómo nos quieren enjaretar todo el día al equipo tricolor como si en ello nos fuera la vida. Se trata solo de un juego y no de manipulaciones como las que vemos en la TV abierta donde dóciles conductores (as), se ponen la playera verde del TRI para arengar a la fanaticada cuyos problemas cotidianos van mucho más allá que un partido de “fucho”

     Regresando al tema de las campañas, ya no habrá contenido, si es que alguna vez lo hubo.  Vienen 12 días de ataques, descalificaciones, insultos, acusaciones, pleitos judiciales, asuntos de barandilla, videos que delatan, y la búsqueda de sufragios, trabajando más en las cañerías que en las propuestas para sacar del atolladero a una población hundida, decepcionada, insegura, crispada.

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     Todas las encuestas dan como vencedor y de manera holgada a Andrés Manuel López Obrador cuya mayor virtud ha sido la perseverancia, misma que no será suficiente para gobernar. Digo esto porque el tabasqueño ha trabajado su llegada a Los Pinos por espacio de 13 años  a partir de la campaña presidencial del 2005-2006, y que se ha fortalecido esta vez por la ineficacia de quienes nos han gobernado desde el año 2000.

     Sin un plan detallado y totalmente aterrizado de gobierno, Andrés Manuel arrasa en las encuestas en parte por su carácter de dirigente social y porque representa de alguna forma el cambio. Asimismo, porque en parte de sus propuestas plantean un camino diferente al seguido hasta ahora, combatiendo lo que a su juicio es la fuente de todos los males del país: la corrupción

     El “peje” es el catalizador del desencanto social y por ello es visto como una alternativa.

     Sin embargo, gran parte de su despegue en las preferencias del voto y de su aparente cómoda victoria  estriban en el desastre de gobierno que encabezaron los partidos que han administrado el país los últimos 18 años. PRI y PAN.

     Los mexicanos eligieron el cambio en el año 2000  con un grandulón locuaz que prometió sacar al PRI de los Pinos, y lo hizo, pero que desperdició el bono democrático más grande que haya tenido algún candidato presidencial en nuestra historia: Vicente Fox, quien con su administración frívola, acomodaticia y sin rumbo, provocó el estancamiento del país, y dejó el poder etiquetado como traidor a la democracia por su involucramiento en el proceso electoral del 2006.

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     Llegó al poder otro panista, Felipe Calderón, quien bajo el estigma del fraude electoral, quiso legitimarse apoyándose en el Ejército para lanzar una guerra contra el crimen organizado que al día de hoy ha cobrado más de 200 mil vidas a partir de 2007, ensangrentando al país y generando en los mexicanos una sensación de inseguridad jamás vista. Asimismo, el régimen calderonista registró casos de corrupción e impunidad escandalosos que no recibieron castigo alguno, como la Estela de Luz y la tragedia de la guardería de Hermosillo.

     Lo que vino después fue el acabose. El PRI retomó el poder en 2012 ante el desencanto y la crisis que nos dejó la alternancia panista. Los hechos hablan por sí solos respecto a lo que ha ocurrido 6 años después. Pese a algunos logros económicos, la corrupción rampante, la crisis de seguridad y la escandalosa impunidad, han dado al traste con la gestión de Enrique Peña  Nieto al grado de hacer prácticamente imposible que José Antonio Meade retenga en las urnas la presidencia de la República para el tricolor.

     Para muchos, la herencia de este gobierno ha sido un lastre del que nunca se pudo desembarazar el ex secretario de Hacienda.

     Luego de 18 años de tropiezos en la administración del país, muchos mexicanos ven ahora a López Obrador como la mejor opción. No tanto por su programa de gobierno, en donde sabemos los qué, pero no los cómo, sino porque la gente está desilusionada de la alternancia PRI-PAN, desencantada de la democracia, y harta de que los dineros del país sean saqueados por los gobiernos en turno, sobre todo en los últimos 18 años .

 

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