El Senado de la República ratificó el Tratado Comercial con Estados Unidos y Canadá con 114 votos a favor, cuatro en contra, y tres abstenciones. La decisión fue considerada por el Presidente López Obrador como favorable: felicitó a los senadores y dijo que “estamos apostando, estamos decidiendo por el libre comercio, no tenemos ninguna duda”.

La oposición en el Senado, consideró que este Tratado es continuación del anterior de Libre Comercio, “es una versión reforzada con más proteccionismo para Estados Unidos”.

Una buena parte de los senadores que se manifestaron en tribuna en la sesión del Periodo extraordinario, confían en que se favorece la competitividad del país y se garantiza su futuro.

Sin embargo durante 25 años en que ha estado vigente el TLCAN las tasas de desarrollo han sido insuficientes, en torno al 2.0%; no se cumplieron las promesas vertidas como oferta para su aprobación, como mayor cantidad de plazas de empleo, en vez del empleo precario, ambulante y out sorcing; también se dijo que el consumidor ampliaría sus opciones para elegir productos, así como la calidad de estos, cuando en realidad sólo se registra mayor fayuca, importaciones de China de baja calidad, etc., sólo por dar unos ejemplos.

El TLC y ahora el TMEC nos someten forzadamente a una economía más dependiente y vulnerable, en especial en nuestra producción alimentaria, además solo dispone de una industrialización de segundo orden como complemento al carácter de país maquilador y depositario de residuos contaminantes, de tal suerte nuestro futuro está anexado al bloque económico derivado de estos tratados.

La integración espacial y poblacional es irreversible, la tendencia mundial es la formación de estados continentales, como se dió en Europa después de alrededor de cinco Tratados comenzando con la CECA, Tratado del carbón y el acero para culminar con el de Lisboa (2007) donde se ajusta su forma constitutiva. Todos los Tratados fueron sometidos a plebiscito para la aprobación del soberano: el pueblo.

Además de esta diferencia constitutiva, entre los procesos de integración de Europa y Norte América se añade su sentido contrapuesto: mientras aquellos dieron más libertad, e igualdad con equidad, los nuestros son regresivos se muestran más favorables al país más robusto, EEUU. Con la circunstancia de que es inevitable su adscripción, como un determinismo del destino manifiesto.

Daniel Cosió Villegas tuvo dos temores con respecto al destino de México, el primero que el PAN alcanzara la Presidencia de la República por su incapacidad para gobernar y por su asociación con las fuerzas regresivas (procedentes de “la noche, ya muerta y callada”) y el segundo que los jóvenes tecnócratas cedieran el futuro de México al vecino del norte. Ambas se convirtieron en profecías.

La parte positiva de la aprobación del Senado pudiera radicar en el hecho de que, a diferencia de los Tratados de Bucareli, esta vez sí se pudo votar en contra sin que por ello se perdiera la vida o la libertad, como ocurrió en 1923 con los senadores encabezados por Francisco Field Jurado, opuestos a la ratificación legislativa de un arreglo lesivo para la soberanía, la dignidad y el desarrollo de México.

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