“Se fotografía por primera vez un agujero negro”- y sale en todos los medios de comunicación como un gran logro el poder sacar una foto fuera de foco de una cosa que nadie sabe qué hace realmente y que está a la absurdamente ridícula distancia de 55 millones de años luz.

¡Qué mérito!. Mientras terminamos de destruir el planeta, de contaminar los mares, el aire, la tierra, de matar a los animales, de exterminar la vegetación, se destinan miles de millones de dólares y miles de personas que pierden su tiempo estudiando algo que sucede a una distancia inalcanzable.

Si todas esas fuerzas y capitales se congregaran para limpiar los mares, para acabar con el reinado del plástico, para finiquitar el imperio de los combustibles fósiles, en vez de festejar que tenemos la 1era fotografía del Culo del Universo, podríamos celebrar que ya las tortugas no mueren ahogadas en bolsas de plástico, ni mueren las ballenas de tanta basura que ingieren.

Si pudiéramos destinar ese dinero, ese esfuerzo, en conservar las selvas que en Colombia o Paraguay están siendo arrasadas para generar un puñado de dólares, eso sí sería un gran logro. Si hubiéramos podido rescatar la selva de Indonesia adonde el rinoceronte, el tigre y el orangután vivían juntos en el último refugio natural, eso sí hubiera sido una legítima proeza. Pero no.

La demanda del aceite de palma arrasó con sus vidas, con las selvas, para que corporaciones de alimentos como Pepsico puedan fabricar sus productos Quaker con aceite más barato y la gente mastique porquerías mientras comenta diversas teorías sobre el Universo y sus agujeros.

Vivimos en el Paraíso y lo destrozamos en pos de creernos mucha cosa por poder fotografiar lo que sucede a una distancia tan estúpidamente remota, adonde no hay colibríes, ni árboles, ni delfines, ni mariposas, ni la miel que nos entregan las abejas que se extinguen.

Todavía queda mucha gente en el planeta que no entiende que estamos viviendo el fin de los tiempos. No es una apología apocalíptica. No es una opinión. Son hechos palpables y evidentes. La ecología no es política menor ni cosa de radicales.

La ecología está por encima de la política. Y como no lo entienden los que amasan fortunas, como continúan permitiendo la fabricación de plástico descartable, como permiten la tala de madera indiscriminada, la minería abierta, la utilización del petróleo, es que la Naturaleza nos devuelve con más cáncer, más enfermedades, más desiertos, más extinción de flora y fauna.

Miramos hacia el Universo, destinamos mentes brillantes, enormes presupuestos, ¿para qué si pronto ya no habrá quién mire los telescopios?

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