La crisis del coronavirus es una amenaza para la salud pública, pero también es y cada vez más, una amenaza económica. Según el último informe de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo, el brote del COVID-19 desencadenará la recesión en algunos países y una desaceleración del crecimiento anual global por debajo del 2,5%, a menudo tomado como umbral de recesión para la economía mundial,

El impacto en el ingreso global en comparación con lo que los pronósticos habían proyectado para 2020 será de alrededor del billón de dólares, en el mejor de los casos, y de 2 billones, en el peor.

Para los expertos, “la duración y la profundidad de la crisis dependerán de 3 variables: cuán lejos y cuán rápido se propagará el virus, cuánto tiempo pasará antes de que se encuentre una vacuna y qué tan efectivos serán los encargados de formular políticas para mitigar el daño a nuestra salud y a nuestro bienestar físico y económico”.

La incertidumbre que rodea a cada variable se suma a la sensación de ansiedad de los individuos, cuarta variable que determinará los resultados de la crisis.

Los analistas ven 2 dos salidas posibles de las consecuencias económicas de la sacudida del nuevo coronavirus: la de costumbre, es decir, hasta la próxima crisis, y la de la asunción de un liderazgo político que enderece las fallas estructurales económico- sociales y económico-medioambientales de la economía mundial.

La opinión general es que esta crisis tiene el potencial de alterar lo que fue una recuperación global titubeante pero bien alineada durante el segundo semestre de 2017, gracias a políticas encaminadas a anular las amenazas, a una confianza económica renovada, lo que a su vez había sustentado pronósticos optimistas de crecimiento para los próximos años.

Desde esta perspectiva, si el brote es de corta duración, una combinación de políticas monetarias y de estabilizadores fiscales automáticos deberían ser suficientes para salvar el día, con la recuperación asumiendo la forma de “V” que siguió, por ejemplo, la crisis provocada por el virus del SARS en 2003.

Sin embargo, si la crisis es más duradera, probablemente debido a interrupciones en el lado de la oferta de la economía a través de paralización de las redes de producción y márgenes de ganancias reducidos, las esperanzas de recuperación dependerán de inyecciones de liquidez sostenidas y coordinadas por los bancos centrales, políticas fiscales más activas y esfuerzos para impulsar el libre comercio y la inversión extranjera-

En ese caso, la recuperación probablemente asumirá una forma de U, como ocurrió con las quiebras petroleras de la década de 1970, con algunas bajas económicas serias en el camino, pero con los principios organizativos de la economía mundial preservados… ¡hasta la próxima crisis!

Para una segunda salida de la crisis, las consecuencias económicas relacionadas con el virus están menos con el tiempo y la confianza y más con una cuestión de liderazgo y la coordinación políticos necesarios para detener las olas de patógenos económicos liberados por la crisis y que pueden hundir una economía mundial frágil y dependiente de la arquitectura financiera. (Naciones Unidas)

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here