El deterioro de la capa de ozono se ha reducido en un 20% gracias a la disminución del cloro de la atmósfera

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Hace unos 460 millones de años, algo extraño comenzó a pasar 50 kilómetros más arriba de la superficie de la Tierra. El oxígeno de la atmósfera, gracias a la radiación solar, comenzó a dar lugar a un gas llamado ozono, que empezó a formar una capa en torno al planeta Tierra. Unos 120 millones de años después, esta capa fue lo bastante gruesa como para absorber la radiación dañina del Sol y permitir a los seres vivos comenzar a colonizar el terreno, que hasta el momento se habían limitado a vivir en el entorno seguro del océano.

Muchos millones de años más tarde, la actividad industrial y tecnológica de cierta especie, el ser humano, comenzó a degradar gravemente los ecosistemas planetarios. Al mismo tiempo, la emisión de gases de efecto invernadero que ocasiona el aumento global de las temperaturas (cambio climático) junto con la destrucción de la capa de ozono comenzaron a preocupar a científicos y gobiernos de todo el mundo.

No obstante, ahora, por primera vez, los científicos han demostrado, a través de observaciones de satélite directas del agujero de ozono, que los niveles de los gases que destruye el ozono están disminuyendo.

Parece que la prohibición internacional de productos químicos que contengan clorofluorocarbonos, conocidos por sus siglas CFC, ha dado sus frutos: se ha reducido en un 20% el deterioro de la capa de ozono durante el invierno antártico que en 2005, el primer año que las mediciones de cloro y ozono fueron realizados por el satélite Aura de la NASA. Al menos, así lo han confirmado los científicos en un estudio publicado por la revista Geophysical Research Letters.

Estudios anteriores han utilizado análisis estadísticos de los cambios en el tamaño del agujero de la capa de ozono para confirmar que el agotamiento del ozono está perdiendo ritmo. Pero este estudio es el primero en usar medidas de la composición química dentro del agujero de ozono para confirmar que no solo está disminuyendo el agotamiento del ozono, sino que la disminución es causada por la disminución de los CFC.

El cambio en los niveles de ozono sobre la Antártida desde el comienzo hasta el final del invierno austral, desde principios de julio hasta mediados de septiembre, se calculó a diario cada año entre 2005 y 2016. “Durante este período, las temperaturas antárticas son siempre muy bajas. La tasa de destrucción del ozono depende principalmente de la cantidad de cloro que haya“, indican los investigadores en el estudio.

De cara al futuro, el agujero de la capa de ozono antártico debería continuar recuperándose gradualmente a medida que los CFC abandonan la atmósfera, pero la recuperación completa llevará décadas.

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Redacción

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