América Latina y el Caribe es la segunda región más propensa a desastres naturales en el mundo, según un informe de la Oficina de la ONU para Asuntos Humanitarios.  Desde el 2000, un total de 152 millones de latinoamericanos y caribeños han sido afectados por 1205 desastres entre los que se cuentan inundaciones, huracanes y tormentas, terremotos, sequías, aludes, incendios, temperaturas extremas y eventos volcánicos.

Destaca la ONU que las tormentas que afectan a Centroamérica y el Caribe son cada vez más poderosas y producen un aumento de precipitaciones y mayor marejada debido al cambio climático.

Tormentas más frecuentes e intensas en la región significa que hay menos tiempo para la recuperación entre eventos, como el caso de Dominica, que se recuperaba del impacto de la tormenta tropical Erika en 2015, cuando en 2017 fue devastado por el huracán María, que mató a 64 personas y afectó a  unas 71 mil 293 personas.

En los últimos 20 años, los países más afectados por tormentas en la región han sido Cuba, México y Haití con 110 tormentas, 5 mil muertes, 29 millones de personas siniestradas y 39 mil millones de dólares en daños. Sin embargo, más de 85% de esas muertes se registraron en Haití, el más pobre y vulnerable del Caribe.

El detallado reporte de la ONU menciona que 2017 fue la tercera peor temporada en los récords históricos por el número y magnitud de desastres, pero el huracán más fuerte del Atlántico en impactar fue Dorian en 2019, que en su punto máximo trajo vientos de más de 350 Km/h y marejada ciclónica de 7 metros sobre Bahamas.

La Oficina de la ONU para Asuntos Humanitarios aclara que las tormentas “débiles” pueden llegar a ser tan dañinas como las más fuertes, como el 28 de octubre de 2015, que la tormenta tropical Erika pasó al norte de Dominica como tormenta tropical con vientos de solo 80 Km/h, pero lo que le faltaba en intensidad, lo compensaba con lluvia. Los aguaceros provocaron inundaciones y deslizamientos de tierra, dejando 20 muertos y afectando aproximadamente al 40% de la población.

Unos 34 millones de personas en la región, especialmente en México y las islas del Caribe, fueron afectados por estos fenómenos naturales en los pasados 20 años.

Por otro lado, en el mismo periodo la región ha experimentado 75 terremotos, que han resultado en 226 mil muertes y 339 mil heridos. Los fenómenos telúricos han afectado a 14 millones de personas y  daños por 54 mil millones de dólares. La región es vulnerable a terremotos, pero América Central y del Sur tienen una mayor exposición comparadas con el Caribe.

América Central y la costa oeste del continente sudamericano están situadas dentro del “Anillo de Fuego”, camino ubicado a lo largo del Océano Pacífico caracterizado por volcanes activos y terremotos frecuentes. La costa occidental de América del Sur es una de las más sísmicas del mundo: más de una cuarta parte de los terremotos del mundo de magnitud 8 o más ocurrieron allí desde el año 2000.

Estudios sismológicos recientes identifican zonas a lo largo de la costa de Ecuador, Perú y norte de Chile que podrían producir sismos de gran magnitud en el futuro. Existe la posibilidad de un terremoto de magnitud 9 o mayor en esta parte de América del Sur, con la brecha sísmica de Arica en el norte de Chile.

Los países con mayor riesgo de terremotos son Chile, Ecuador y Guatemala, seguidos por Costa Rica, Nicaragua, y el Salvador. Entre los terremotos más fuertes del siglo destacan Chile en 2010, de 8,8 en la escala de Richter; Perú en 2001, de 8,4; Chile en 2015, de 8,3; Chile en 2014, de 8,3; Perú en 2007, de 8,0; Ecuador en 2016, de 7,8; El Salvador en 2001, de 7,7; y Haití en el 2010, de 7,0.

Más aún, los volcanes activos pueden monitorearse y su potencial de erupción puede predecirse. Las erupciones volcánicas generalmente tienen impacto localizado y pueden conducir a un desplazamiento temporal y pérdida de medios de vida, que pueden ser tratados de manera efectiva por las autoridades nacionales.

Muchos países de América Central y del Sur están situados a lo largo del “Anillo de Fuego” desde México hasta Chile, exponiéndolos a la actividad volcánica. El Caribe también es vulnerable a la actividad volcánica, con volcanes activos en Montserrat, San Vicente y las Granadinas, Guadalupe y Martinica. También hay un volcán submarino, Kick ‘em Jenny, en la cadena de islas Granadinas, a 8 km de Granada.

Las erupciones volcánicas, aunque mucho menos frecuentes, tienen el potencial de causar un 100% de destrucción y, por extensión, conducen a peajes de muerte significativos en las áreas más gravemente afectadas. El 3 de junio de 2018, el Volcán de Fuego de 3.763 metros en Guatemala entró en erupción, matando a más de 200 personas, hiriendo a 27 y dejando a unas 260 personas desaparecidas.

Las inundaciones son el desastre más común en la región. En los últimos 20 años se han registrado 548 fenómenos, con pérdidas por mil millones de dólares. Unos 53 millones de personas fueron afectadas directamente. Brasil se encuentra entre los principales países del mundo con mayor población expuesta a estas catástrofes, pero Colombia, Panamá, Costa Rica, Venezuela, Perú, Bolivia, Uruguay y Argentina también han sido afectados.

Desde 2000, América Latina y el Caribe se ha visto afectada por 66 deslizamientos de tierra que causaron casi 3 mil muertes. En los últimos años, el  alud en Guatemala en 2015, que causó 350 muertes, y Colombia en 2017, que causó 349 muertes y afectó a más de 45,000 personas, se destacan como eventos de deslaves de tierra particularmente destructivos en la región

Si bien es difícil medir con precisión su impacto, según los datos disponibles publicados en el informe de la ONU, la sequía ha contribuido a 45 muertes, ha afectado a más de 53 millones de personas y ha provocado más de 13.000 millones de dólares en daños totales. El fenómeno de El Niño contribuye a la sequía en América del Sur, incluidas zonas andinas de Ecuador, Perú y Bolivia, así como el noreste de Brasil, y en América Central ocasionó sequías graves que dieron lugar a una crisis prolongada en el Corredor Seco de América Central, específicamente en Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua.

Finalmente, los incendios forestales ocurren en toda la región, particularmente donde hay sequía y vientos fuertes, fenómenos que se combinan para intensificarlos y propagarlos. Sin embargo, los incendios forestales tienen el potencial de ser extremadamente destructivos, como se observó en Brasil cuando arrasaron vastas áreas del Amazonas, y en Bolivia, donde quemaron más de 5 millones de hectáreas de tierra en el este. (Naciones Unidas)

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