Hace exactamente 6 décadas, el cosmonauta soviético Yuri Gagarin se convirtió en el primer humano en viajar al espacio, y es a propósito de esta hazaña para toda la humanidad, que cada 12 de abril el mundo celebra el Día de la Cosmonáutica.

Fue justo hace 60 años, el 12 de abril de 1961 a las 9:07 de la mañana , que se lanzó la nave espacial Vostok 1 desde el Cosmódromo de Baikonur con Yuri Gagarin a bordo.

El ingeniero jefe del programa fue Serguéi Koroliov, el arquitecto principal de la cosmonáutica soviética.

Yuri usaba el distintivo de llamada Kedr, cedro, árbol que crece en Siberia, y durante el lanzamiento del cohete se registró por radio un diálogo entre la sala de control y el cosmonauta.

Koroliov: Etapa preliminar… intermedia… principal… ¡Despegue! Le deseamos un buen vuelo. Todo está en orden.
Gagarin: ¡Vamos! Adiós, hasta pronto, queridos amigos.

El lanzamiento tuvo lugar en el cosmódromo ubicado en el norte de la entonces República Soviética de Kazajistán. Antes de la hazaña, Gagarin escribió a su mujer, Valentina, una carta que bien podría ser de despedida:

“¿Puedo soñar con algo más? ¡Es historia, es una nueva era! Dentro de un día despega mi vuelo. Creo en la técnica completamente. No debe fallar. Pero a veces pasa que un hombre se cae en el lugar más inesperado y se rompe el cuello. Aquí también puede suceder algo. Pero no lo creo. Si pasa algo, te pido, Valiusha, no te mates por el dolor.

En la órbita, el cosmonauta daba cuenta de sus sensaciones, del estado de la nave y de sus observaciones. A través de una ventana, miraba la Tierra, sus nubes, las montañas, los bosques, los ríos y los mares.

También era capaz de ver el cielo y el Sol y otras estrellas durante la parte del vuelo a la sombra de la Tierra. Las vistas le asombraron con su belleza.

Gagarin salió de la zona de gravedad terrestre y orbitó alrededor del planeta durante 108 minutos, convirtiéndose en el primer humano en ver con sus propios ojos la Tierra desde el espacio.

Durante diez de los 108 minutos que duró el vuelo, Yuri Gagarin estuvo a punto de perder la vida debido a que el módulo de aterrizaje no se separaba de la nave espacial. El cosmonauta contó más tarde que le impresionó cómo se quemaba la capa de protección del vehículo durante el aterrizaje, y dijo que llegó a ver metal fundido pasando por delante de los ojos de buey de la nave. Sin embargo, el sistema de eyección funcionó según lo planeado y al llegar a 7 kilómetros de altitud se catapultó de la nave, aunque a casi 200 kilómetros del punto planeado.

Durante la caída se abrieron tanto el paracaídas principal como el de reserva, lo que provocó que Gagarin no pudiera controlar la dirección de su descenso.

Solo a 30 metros del suelo logró dar la espalda al viento y efectuar un aterrizaje sin problemas, aunque perdió su equipo de supervivencia. Sin embargo, aterrizó en una zona habitada cerca del río Volga, en la región de Sarátov, donde no lo necesitaría.

La persona que encontró al cosmonauta fue Anna Tajtárova, la mujer de un guardabosque de la zona que en aquellos momentos estaba trabajando en el campo con su nieta Rumia, de 5 años.

La exitosa misión marcó un hito y abrió una nueva era de la exploración espacial.

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