París: del duelo a la esperanza. Por Luis Manuel Guerra

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     La vida sigue. Lo ha hecho a través de las Eras, inclusive antes de que el homo sapiens dominara al mundo. La Ciudad Luz continúa siendo la ciudad de la luz. Después de la oscura noche del viernes 13 de noviembre, a tres semanas de la barbarie, París vive y vibra como centro cultural del planeta.

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     Y se perciben vientos de esperanza: El haber llevado a cabo la reunión entre países más grande en la historia de la Civilización, la COP 21, a pesar de la zozobra, el temor y la incertidumbre, nos habla de que “la vida sigue”.

      Efectivamente, querida, querido lector, parece ser que a pesar de, o mejor dicho, debido a este ataque inmisericorde en contra de los valores primarios de nuestra convivencia, los seres humanos estamos demostrando que la vida sigue. En los mismos sitios donde se ultrajó la dignidad básica de todos nosotros, ha regresado la alegría y el bullicio y la comunicación abierta entre los jóvenes de esta Ciudad Luz.

     He seguido muy de cerca las negociaciones para alcanzar un acuerdo entre todos los países el mundo para evitar el descontrol irreversible de nuestra atmósfera, poniendo un límite de máximo dos grados centígrados de aumento en la temperatura del día de hoy al final de este siglo XXI. Tarea sin parangón. Pero soplan vientos de concordia, de acuerdos posibles. A diferencia de los dos intentos anteriores, que aunque estuvieron cerca de conseguir  este acuerdo, Kioto en 1997 y Copenhague en 2009, se estancaron frente a los muros de los intereses geopolíticos de corto plazo, París se perfila como el sitio que, levantándose del infortunio, logra cobijar a todos los seres humanos bajo las suaves alas de la alegría convocada por Friedrich von Schiller en su excelsa oda.

      Conversando con delegados de varios países, expertos en las negociaciones, colegas periodistas, constato que estamos frente a un evento que pasará seguramente a la historia: que los gobiernos de ciento noventa y seis naciones soberanas logren firmar un acuerdo para un fin común: limitar nuestras emisiones de Gases Efecto Invernadero y garantizarnos así un futuro como humanidad.

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     Varios signos se encuentran “pintados en la pared” para que todos los veamos:

     Primero, el hecho de que a diferencia de las veinte reuniones anteriores, los jefes de estado y de gobierno hayan asistido a la apertura de los trabajos, y no al final de ellas. Todos hablaron mandando las señales a sus delegaciones que debemos indefectiblemente logar un acuerdo.

     En segunda instancia, y creo que la más importante, es que tanto el gobierno de Francia que preside esta COP, como los otros cuatro grandes jugadores, China, Estados Unidos, la India y Rusia (los menciono en orden decreciente de su contribución a los GEI), estén de acuerdo en no producir un Tratado Internacional (que debe ser obligatoriamente aprobado por el Congreso de los Estados Unidos), sino un Acuerdo Global. Esto que parece una nimiedad, no lo es: El Congreso Estadounidense, dominado por los Republicanos, ha expresado sin lugar a dudas su total rechazo a cualquier tratado internacional del clima. Un acuerdo puede ser firmado y entrar en vigor con la firma del presidente estadounidense. Un antecedente venturoso se dio el año pasado con la firma entre China y Estados Unidos para limitar cada uno sus emisiones de GEI.

     En tercera instancia, se diseñó  en la última COP en Lima, Perú, la figura de las Contribuciones Intencionales Nacionales  Determinadas (INDC’s por sus siglas en inglés) que cada país determinó de acuerdo a sus inventarios propios de emisiones, quitando de las negociaciones el estigma de la imposición e valores por parte de los países ricos.

     El cuarto signo se refiere como siempre a los dineros. Pero aquí hay un avance que no se tuvo en los veinte años anteriores: Se establecieron aquí en París tres pilares clave del financiamiento climático como herramienta para implementar acciones que transformen a la economía actual hacia una economía baja en carbono.

     Te transcribo aquí una explicación e este mecanismo: “El 30 de octubre de 2015, la Secretaría de la CMNUCC presentó un informe sobre los efectos agregados de los compromisos contenidos en las INDC comunicadas hasta el 1 de octubre. El reporte contiene el análisis de 119 compromisos de 147 Partes de la Convención, es decir, las contribuciones de todos los países industrializados y tres cuartas partes de los países en desarrollo, que representan el 75% de las Partes de la Convención y el 86% de emisiones globales de GEI en niveles de 2010.

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     Poco más del 70% de los países presentó compromisos no condicionados, es decir, a implementarse con sus propios recursos y capacidades, mientras que 50 de estos se comprometieron a aumentar su nivel de ambición en caso de existir un acuerdo climático global y recibir apoyo financiero y tecnológico internacional de los países industrializados.

     Una centena de las contribuciones incluyeron, además, compromisos en materia de adaptación, lo que demuestra la vital importancia de acompañar los esfuerzos de reducción de emisiones con acciones de fortalecimiento de resiliencia y adaptación a los efectos negativos del cambio climático en el acuerdo de 2015.

Aunque la mayoría de los países de ALC ya han presentado sus INDC, continúan pendiente las de Venezuela, Cuba, Nicaragua y Panamá, entre otros. De las presentadas, la de Costa Rica ha sido la más ambiciosa, ya que se ha comprometido a ser carbono neutral en 2021. Asimismo, resulta relevante la participación de países como México y Brasil que, al ser economías emergentes, son los únicos dos países latinoamericanos que se encuentran dentro de las diez naciones que más GEI emiten a nivel global.

     “Resulta urgente que la región, específicamente las economías emergentes como México y Brasil, incrementen su nivel de ambición de una manera justa y de acuerdo con sus capacidades, pero reconociendo también el papel cada vez mayor que tienen en el aumento de las emisiones globales de GEI.”

      Las INDC de México tienen dos componentes, uno de mitigación y otro de adaptación, enmarcados en una perspectiva transversal de género y derechos humanos. En el caso del componente de mitigación, México asume el compromiso incondicional de reducir el 22% de sus emisiones de GEI y el 51% de carbono negro para el año 2030 en un escenario de línea base. En caso de que se alcance un nuevo acuerdo vinculante en la COP21, ese compromiso se podría incrementar a 36% de reducción de GEI y a 70% de carbono negro si se reciben recursos y cooperación internacional.”

Ahí están los signos en la pared…Podemos pasar el duelo a la esperanza

quimicoguerra@inaine.org

 

 

Acerca del autor

Luis M. Guerra

Pionero en el campo de la ecología. Químico por la UNAM con especialidad en residuos peligrosos en Berlín, fundador y presidente desde hace más de 25 años del Instituto de Asistencia en Investigaciones Ecológicas, A.C., INAINE. Realizó las primeras mediciones en forma independiente de calidad del aire en la Ciudad de México y creó el primer programa voluntario de restricción al uso del automóvil llamado “Un día sin auto” en 1988. Ha publicado varios libros sobre la materia, condujo el primer programa radiofónico de medio ambiente en México de 1985 a 1995, fue titular del espacio de ecología en “Monitor” con José Gutiérrez Vivó y conduce el programa de Radio Red “Ciencia 3 X 7” y el programa de medio ambiente de mayor permanencia en la radio, “Zona Verde”, de 1995 a la fecha, en Radio Red.

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