México: país de nunca sabrás a 50 años del movimiento estudiantil del 68. Por José Luis Morales Baltazar

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     Allá por los años 70 circulaba en México un chiste sobre un mexicano y un gringo.

     El gringo se ufanaba de que en EU cualquier ciudadano se podía parar frente al Capitolio y mentarle la madre al presidente en turno. Ni tardo ni perezoso, el mexicano le respondió: Nosotros también podemos hacer lo mismo, míster”. “¿De veras?” preguntó sorprendido el gringo. “¡Claro!”, recalcó el mexicano. “¿No me diga que también ustedes ser capaces de esou?”, respondió el gringo. “Por supuesto, míster, dijo el mexicano”, y puntualizó: “También nosotros nos podemos parar frente al Capitolio y mentarle la madre a su Presidente”.

     Detrás de este tonto chiste se escondía una gran verdad: con el presidente de México no nadie se podía meter ni de broma. Eran los años posteriores al 68, una época de gran represión contra estudiantes, trabajadores y políticos que se atrevieran a disentir con el gobierno. Díaz Ordaz se había manchado las manos de sangre a causa de una supuesta amenaza comunista contra México que sólo en sus delirios existió. Detrás de él se encontraba Echeverría, que se dice instrumentó la infamia del 2 de octubre.

     De entonces a la fecha muchas aguas y mucha sangre han corrido sobre el territorio nacional y muchas cosas han cambiado, menos una: el ocultamiento de la verdad.

diaz ordaz

          Hoy cualquier hijo de vecino puede hablar mal públicamente del presidente de la República y hasta mentarle la madre a diario si quiere, como ocurre en un twitter, y nada le pasará. En la radio y en la televisión se les habla de tú a los Secretarios de Estado y se les cuestiona duramente y tampoco nada pasa. Para algunos se ha perdido el respeto a las instituciones, entre las mayores, la presidencial; para otros, se ha avanzado en la desacralización de los políticos y en la democratización del país.

 

     Con Ernesto Zedillo Ponce de León se dio la alternancia política, y hoy con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador la oposición ha subido al poder y el PRI pasó a ser la tercera fuerza política de México, en un franco declive de su dictadura de 70 años o, como diría Octavio Paz, de su “hegemonía partidista”.

      Pero nada ha cambiado en el fondo. O cambió para seguir igual.

     Quienes de niños vivimos el movimiento estudiantil de 1968 y que sufrimos en carne propia a los halcones de 1971 en San Cosme seguimos esperando respuestas: ¿quién estuvo detrás de esos crímenes?

     Han pasado 50 años y nunca se aclaró del todo que pasó en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco aquel fatídico 2 de Octubre, cuánta gente murió, quién desapareció los cadáveres, quiénes perpetraron la masacre?

      El nombre de Gustavo Díaz Ordaz sigue inmaculado y Echeverría, que está que se muere y no se muere, parece también más sano que nunca.

echeverria

En Centroamérica y Sudamérica se juzgaron y encarcelaron ya a muchos sátrapas de la guerra sucia y el militarismo de los años 70, y lo mismo en el mundo entero contra esa turba de asesinos que tuvieron como presidentes algunas naciones, caso concreto Rusia, donde el nombre Stalin ha desaparecido hasta de los libros de texto.

En España, recientemente surgió un movimiento para desacralizar el nombre de Francisco Franco y retirar sus huesos de un panteón que no merece por asesino.

En México, por el contrario, hemos cambiado en las formas, pero no en el fondo.

Hoy Televisa cubrió como nota principal la marcha de los estudiantes universitarios en conmemoración de una similar del 13 de septiembre de 1968 y para exigir satisfacción por parte del gobierno a nuevas demandas. Lejos estamos del 2 de octubre del 68, cuando en el noticiario estelar de la noche Jacobo Zabludowski inició su programa diciendo: “Hoy fue un día soleado en México”. Y nada dijo de la balacera en la Plaza de las Tres Culturas.

     A 50 años de aquella ignominia, nada sabemos de lo que realmente ocurrió ahí, al margen de lo poco que pudo recogerse a través de ibros como el de Elena Poniatowska, La noche de Tlateloco, o el de Luis González de Alba, Los años y los días; más uno que otro testimonio de algunos protagonistas de aquella sangrienta tarde. Desde entonces, México se ha convertido en el país del “Nunca Sabrás”. Porque no sabemos que pasó en Aguas Blancas, no sabemos cuánta gente murió realmente en el temblor del 85, quiénes fueron los culpables de que se cayeran tantos edificios mal construidos, no sabemos quién provocó la caída del sistema que le dio el triunfo a Salinas de Gortari, no sabemos quién desapareció a los 43 estudiantes de Ayotzinapa, no sabemos quién dejó escapar al Chapo Guzmán de la Cárcel de Puente Grande, no sabemos quién o quiénes están detrás de los miles de desaparecidos de México, NO SABEMOS QUIÉNES SON NI QUIÉN ESTÁ DETRÁS DE LOS PORROS QUE AZOTAN A LA UNAM DESDE HACE DÉCADAS, y, como si fuera chiste, en el mundo del espectáculo no sabemos qué pasó con la mamá de Luis Miguel.

     Éste es si duda el país del “Nunca sabrás”, el país de los chismes, de los rumores, del teléfono descompuesto; el país del “nada por aquí, nada por allá”, y donde a diario se secuestra la justicia y se desaparece a la verdad. Un país en donde no se puede perdonar a nadie porque ni siquiera conocemos quiénes son los culpables del estado de violencia, impunidad, ruina y triunfo de los malos sobre los buenos en que nos encontramos hundidos. No sabemos nada y muchos jóvenes de entonces ya nos hicimos viejos; no obstante, seguimos esperando infatigables las respuestas verdaderas a todas nuestras preguntas. Porque a lo largo de 50 años no hemos estado atrás de las demandas más justas del pueblo y la ciudadanía, sino al frente, igual que el escritor José Revueltas, quien a ser culpado de estar detrás el movimiento estudiantil del 68, corrigió al juez diciéndole: “No, señor, yo no estuve detrás el movimiento; no fui su inspirador ni su ideólogo; siempre estuve al frente de ellos, fui uno más de sus protagonistas.”

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