La bella voz. Por Freddy Secundino S.

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El poeta de Taiwán más reconocido (multipremiado) hoy en día en ese país y otros se llama Kuei-shien Lee (1937). Ocuparía mucho espacio si mencionara aquí todos los premios que ha merecido en varias naciones, sobre todo de Asia. Ha publicado unas siete decenas de libros, entre poesía y ensayo, y se le ha traducido (y publicado, por supuesto) a más de diez idiomas, incluido el español (España, Cuba y Chile). En la Academia sueca, quienes evalúan las candidaturas al Nobel ya han leído su obra, pues ha estado entre las propuestas.

En los primeros días de abril pasado recibió el Premio Nacional de Artes y Cultura 2018, el más importante en Taiwán. Su obra (o al menos así lo consideró el jurado que se lo otorgó en manos de la presidenta taiwanés) contiene una fuerte y singular carga social… Y los poemas que aquí se incluyen algo de razón le dan a esa identidad poética. Son de reciente creación, seleccionados por él mismo para La bella voz, y relativos a su pasión por Latinoamérica.

A Kuei-shien Lee lo conocí en mayo de 2017, en Lima, Perú. Fue gracias al XVIII Encuentro Internacional Itinerante Capulí, Vallejo y su Tierra. Él encabezaba la delegación de poetas de Taiwán. No entiende ni habla español, pero sí inglés. Al verlo tan formal y tan laureado, uno podría pensar (incluido un periodista, como este servidor) que una figura literaria así se reservaría para las “grandes” giras mediáticas para él solo y organizadas por una editorial trasnacional. Pero Lee le rinde honor fiel al corazón de su obra: aunque tímido, es tan sencillo en su trato como gratamente digeribles sus letras. La suya es, pues, una poesía amable, sincera, fraternalmente noble.

En éstos, el sello de Lee se nota en la forma con la que “humaniza” lo salvaje (Papagayo) en una especie de canto-credo a una naturaleza que sus ojos no acostumbran. Pero también podría verse como un grito por la libertad, la misma que escurre el lloro por la violencia humana (Transfusión) porque “desde Asia, Medio Oriente, África a Latinoamérica,/una gota de sangre que salpica/encarna un pétalo que voló con el viento”… Y aún más intensa y honesta su incondicional declaración de amor a la patria, abrazada con pocas palabras, que flotan en su mar de versos, ese mar donde ella es “una sirena/en el Océano Pacífico,/la marca de mi eterno país natal”.

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Interesado en presentar su virtud letrística en América Latina (éstas son traducciones –del inglés- de poetas que han confiado en difundirlo), Lee desfoga aquí una casi devota confesión pasional hacia la obra de tres grandes de la poesía universal y su tierra de origen, tan enigmática como ellos: Los Andes. Con Pablo Neruda, Gabriela Mistral y César Vallejo de guías… Se concentra mucho en el peruano quien a principios del siglo XX revolucionó la poesía latinoamericana, pero fue casi ignorado en vida, una vida de escasas cuatro décadas que le negó la gloria y acabó en París.

En una plática con Lee y su traductora (en Trujillo, Perú), la también escritora Nuria Jui-ling Chien, confesó que el juego irreverente de Vallejo con el lenguaje lo atrapó, a la vez que lo metió en problemas para (a veces) entenderlo. Pero es tanta su admiración por el autor de “Los heraldos negros”, que Árbol de capulí (aquí incluido) es un latido emocionado que exhala ansioso por decir todo con detalles y acaba en el inevitable reconocimiento a gritos por el mítico árbol capulí que está sembrado en el patio de la casa paterna de Vallejo (en Santiago de Chuco), un árbol y una casa con la aparente magia que sintió al presenciar la singular dramatización que un niño hizo ante nosotros de algunos poemas del vate homenajeado (foto). Aunque César Vallejo es para Kuei-shien Lee mucho más que una apasionada idolatría o un culto incuestionable. Es, sobre todo, a la par que su muy soberano respeto a un buen escritor, una utópica (poética, pues) e imperiosa necesidad de un asidero social (y político) en las letras versadas. “Vallejo arde dentro de mí”, escribe.

Gane o no el Nobel, a Lee debieran publicarlo en grande en español y divulgarlo en toda esta parte del mundo, que tanto le atrae y a la que escribe con especial cariño y fervor… Por cierto, Lee participa por el mundo en diversos encuentros poéticos. Dentro de unos meses encabezará uno muy importante en su país: el Festival Internacional de Poesía en Formosa 2018, que él organiza.

Kuei-shien Lee

https://www.facebook.com/kueishien.lee

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PAPAGAYO

¡Mi dueño es bueno conmigo!

Mi amo me enseña sólo esta frase.

¡Mi dueño es bueno conmigo!

Practico esta frase día y noche.

Si llega cualquier visita

yo grito:

¡Mi dueño es bueno conmigo!

Mi dueño está tan satisfecho

que me da buenas comida y bebida

e invita visitantes en aprecio

de que soy fino e inteligente.

En ocasiones, mi dueño

bastante alegre me dice:

¡Dime lo que sea que piensas!

Y yo constante repito:

¡Mi dueño es bueno conmigo!

 

TRANSFUSIÓN

Extraen sangre de mi cuerpo

y la transfunden a las venas de otro

volviéndose un nuevo torrente armonioso.

Mi sangre empieza a circular dentro de otro cuerpo,

dentro del cuerpo de un desconocido

en algún sitio desconocido.

Así como las flores frescas

que aparecen en la ladera solitaria,

una belleza inefable florece en mi corazón.

En algún sitio desconocido

también transfunden a gran escala

de los masivos cuerpos masacrados.

Se transfunde sangre a la tierra yerma,

un sitio sin sol,

es inútil teñir de rojo el fragmentario mapa.

Desde Asia, Medio Oriente, África a Latinoamérica,

una gota de sangre que salpica

encarna un pétalo que voló con el viento.

 

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ISLA DE TAIWÁN

Emerges como una isla

de las olas de blanco satén.

El denso bosque de negros cabellos

vaga con anhelante nostalgia.

La playa de suaves arenas blancas

está grabada con numerosos besos de conchas.

A vista de pájaro desde el cielo,

la belleza de tu textura es tan atractiva

que me echo sobre tu cuerpo sedientamente.

Eres una sirena

en el Océano Pacífico,

la marca de mi eterno país natal.

 

CACTUS CHILENO

En cunetas, costas y montes rocosos

abundan los cactus,

elevando sus manos de incontables espinas

y ensalzando flores blancas como nieve

que expresan un puro e inocente amor.

 

En tan árido terreno

el cactus no impreca con manos alzadas

por el gozo de la parca gota de lluvia,

sino que en su naturaleza sincera

muestra sentimiento sin reserva alguna,

en un gesto afín a su ser.

El cactus persiste en el ritual religioso

de ofrendar sus florecidos brotes

y esperar que el cielo acepte

hasta el momento divino,

algunos cantan música sacra de forma continua,

otros se destinan a pudrirse secos.

 

El cactus florece de capullos plateados

durante la primavera chilena,

logrando un sentir controlado

en el arenoso terreno desértico,

sin precisar agua de lluvia alguna.

Lo único que precisas es venir y observar

y a veces alabar en pocas palabras

a esta pura y amorosa flor.

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RECITAL POÉTICO EN ISLA NEGRA

Habiendo venido a Chile

y habiendo repetidamente recitado a Neruda,

por ser poeta que protesta contra el poder

ejercido contra el pueblo, en sintonía con mis versos.

Habiendo venido a Isla Negra

y habiendo repetidamente recitado poemas de amor de Neruda,

¿a quién recito yo después de todo,

si tú estás en mi alma

en vez de pertenecer a Isla Negra?

 

En Isla Negra, la espléndida colección de Neruda,

su exposición de aficiones y memorias relativas al mar,

desde curiosas conchas al mascarón de una diosa

que expresa de algún modo el perfil del poeta.

Permanezco un largo rato y me pregunto

si es por destino o acaso el azar

que Neruda compita conmigo por tus favores,

más atractivo por el alegato de un premio.

Contemplando tus ojos atentos en la exposición

envidio a Neruda de forma incomprensible

al tener que luchar río arriba en la adversa corriente,

para evitar sumergirme en el océano.

 

Oh Chile,

para ti recito mi poesía,

no importa de qué modo comprendas mi intención.

Vengo del otro lado del océano, de muy lejos,

y mi sonido y mi sentido penetran en tu oído

aunque sea un solo instante transferido en eterno.

Un día seré enterrado en mi isla natal,

penosamente incomparable a Neruda,

incapaz de unirme con esta amada en su vejez.

 

DESDE EL CORAZÓN, TE HARÉ BALANCE

Oh, Gabriela Mistral, te yergues en la cima

de la literatura latinoamericana, no, mundial,

con el ademán de una roca formidable.

Me acerco a ti devotamente

desde la lejanía isleña al otro lado del Pacífico.

Te eriges en la cumbre con un monumento pétreo

mirando hacia tu doloroso lugar primero,

transformado en silenciosa patria eterna.

 

Junto a tu estatua de bronce, erigida junto al precipicio

y bajo la acacia de Formosa, con sus sinuosas flores amarillas,

nos hacemos una foto colectiva a modo de título que nos conecta.

¿Es éste un emblema de mi sentimiento junto al precipicio?

Observo cuidado en mi comportamiento,

preocupado de no poder mostrarme de la mejor forma,

o incluso, de evitar cualquier acción incorrecta.

 

Tú, poetisa feminista frustrada por una aventura amorosa,

escondiendo tu secreto de por vida,

accidental o inevitable

o destinada a ello.

Chile te arropó y tú le harás balance eterno.

Oh, isla de Taiwán, mi absoluta devoción

será llevada a mi tierra natal también.

Espero que me arropes amistosamente

y sin duda te haré balance en mi vida,

con mi corazón y con muchos de tus poemas más preciados.

*Traducción al español de Tina Escaja

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MONTAÑAS DEL ANDE

En collados del Ande Liberteteño

volví a ver mi niñez en Taiwán,

las mismas hierbas y flores silvestres por doquier,

las paredes de las casas impregnadas de barro

mezclado con paja,

jazpeado de motitas de bosta de vacuno,

paredes pintadas con blanco de cal,

cubiertas con tejas en la techumbre,

para hospedar en su interior una familia.

Durante la noche la atmósfera se torna tan frígida

como para usar dos pares de calcetines y

cubrirse con tres frazadas cuando hay desvelo,

mientras el corazón permanece cálido

sin necesidad de tener una estufa,

ya que Vallejo arde dentro de mí.

 

AMANECER ANDINO

Un ofidio dorado

crece ondulándose

en lontananza a lo largo del perfil de Los Andes.

El pueblo serrano estuvo tan sosegado,

incluso el canto del gallo como campana de una torre

anuncia el nacimiento del esplendoroso niño César Abraham.

Nadie predijo este maravilloso evento hace 135 años.

Hoy en día atrae a poetas de todo el mundo,

que vienen en peregrinaje como a Tierra Santa.

Esta gélida noche es demasiado larga

mientras la vida es corta en demasía.

El resplandor literario irradia todos los días

el mensaje de Los Andes,

no importa si alguien lo recepciona

o nadie lo aprecia.

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ÁRBOL DE CAPULÍ

Un solitario árbol de capulí

erguido en medio del patio,

con la imagen de las hojas del willow

y la estampa de un árbol de guinda silvestre,

espera a Vallejo que ha respirado en común

el mismo aire andino

y luego viajó a Europa sin retorno

y dejó impreso su nombre en la Historia de la Literatura.

Poetas taiwaneses, bajo la sombra del willow,

cerca del bien plantado árbol de capulí

exclamando: ¡Taiwán! ¡Formosa!

Los solitarios árboles de capulí

dispersos en todas las montañas andinas

proclaman:

¡Vallejo! ¡Vallejo! ¡Vallejo!

¡Capulí! ¡Capulí! ¡Capulí!

 

EVOCANDO A LOS HERALDOS NEGROS

¡Vallejo! ¡Oh, Vallejo!

Estoy en tu natal Santiago de Chuco,

en tu simbólica tumba,

rodeado por coloridas flores,

leyendo tu poema Los heraldos negros

con el viento a favor, en presencia de testigos silenciosos.

Hay poetas peruanos impresionados hasta las lágrimas.

Sollozan tocados por ti al convocar los heraldos negros para los pobres.

¡Vallejo! ¡Oh, Vallejo!

Yo estoy reclamando a los Heraldos del cielo

por el destino de mi patria Taiwán,

capaz de liberarse del tremendo dilema

de arreglar nuestro verdadero, propio y real nombre,

afianzándolo a nivel internacional,

Déjennos existir entre el cielo y la tierra sin pesares.

¡Vallejo! ¡Oh, Vallejo!

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LA UNIVERSIDAD DE SAN MARCOS

En oscuro corredor del Rectorado,

la silueta escultural de Vallejo

sobre la pared refleja un pálido brillo

hacia mí.

Hace cien años, por la frustración de un amor no correspondido,

se fue lejos de este triste lugar

donde continúa emitiendo rayos electromagnéticos.

En Perú nació

un Vallejo pobre,

quien como un vigoroso poeta

ha creado la extraordinaria gloria de un país.

En los claustros de colegios de Taiwán

ninguna escultura de poeta taiwanés

puede ser vista en el corredor

para reflejar un sombrío resplandor.

*Traducción al español de Luis Albitres Mendo

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