La bella voz. Por Freddy Secundino S.

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Leer la antología poética que aquí se reseña, Trópicos I (de Eduardo Cerecedo), es como viajar a un mundo que todo mundo acaso ha imaginado alguna vez, pero al descubrirlo nos damos cuenta de que casi todo mundo se queda corto, aunque eso que se dibujó en la mente haya sido virginal e inalcanzablemente maravilloso.

Si uno acostumbra leer poesía, quizá lo comprende pronto y lo disfruta sin contratiempos y a gusto. Y sin embargo queda la afanosa sensación de que las “grandes” editoriales en México no voltean a menudo hacia donde debieran mirar: hay en las ediciones independientes y de pequeños tirajes más cantidad de poesía de mejor calidad que mucha de la publicada por ellas. Como que carecen de visores… Y en este caso creo que hay poco margen para dudarlo.

Eduardo Cerecedo (Tecolutla, Veracruz, México) ha ganado varios premios con su obra, que se ha publicado en más de 80 libros, entre poesía, narrativa y ensayo, en volúmenes propios o antologías, y varios poemas suyos han sido traducidos al inglés, francés, portugués y coreano.

Estudió literatura en la UNAM, donde es docente, y ayuda a nuevas promesas mexicanas con sus talleres y cursos. No es, pues, un lírico apresurado en estas artes. Y, mejor dicho, las maneja con conocimiento estilístico y soltura y sencillez creativa.

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     Trópicos I. Antología personal (Fondo Editorial Estado de México, Méx., 2015) lleva en el nombre la frescura y la vida. Quien haya nacido y/o vivido cerca del mar no tendrá problemas para identificarse y revivirse en los escenarios que Cerecedo crea y describe. Y quien sólo conozca el paraíso como turista, tal vez encuentre en estos poemas (atinadamente seleccionados por su autor) aquellas imágenes que ha querido ver y nunca se han hecho reales.

Cuando la poesía logra eso con el lector, no sólo merece difundirse, sino leerse algo más de lo poco que hasta ahora: los poemas de Cerecedo transmiten esa sensación balsámica que tanto requiere todo mundo ahora en todo el mundo, tan atormentado y estresado por la violencia, la inseguridad, el encono y la exclusión.

Hace bien el autor en compartir así lo que él mismo considera parte de lo mejor de su vasta producción poética. Y ésta es sólo la primera entrega. Incluye poemas de sus libros Cuando el agua respira (1992), Temblor mediterráneo (1993) y Marea del alba (1995).

Quienes quieran leerlo, contáctenlo por su “feis”, para saber dónde conseguir esta antología (y otros libros suyos), pues infortunadamente no está en todas las librerías. Pero no se arrepentirán de leerla. Y si acaso a alguien le sucediera, será tal vez porque ya es víctima del estrés y el desánimo social que se viralizan enemigos hasta entre los que gustan de la lectura.

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EDUARDO CERECEDO

https://www.facebook.com/eduardo.cerecedo

*Del libro Cuando el agua respira (1992)

“A mis padres”.

CRECE LA LLUVIA

Oigo crecer la lluvia

en el vientre desnudo

de la noche.

A esta hora

que domina el sueño.

Crece la lluvia,

moja el vuelo del silencio

fractura de reflejos

inunda la grieta de mi sombra.

Crece la lluvia,

la noche avanza

trepa bardas, atraviesa el estero,

desmenuza a la luna en su cauce,

baja a beber de los charcos…

En su primer reflejo

toca el mar.

 

PRIMER REFLEJO

El viento húmedo

refresca mis huesos

astillados

por la noche anterior,

los jejenes

rasgan la luz de mi sangre

mientras llueve allá adentro.

 

SEMILLA DE AGUA

La semilla de agua

ha brotado de la rosa

que crece

entre tus piernas.

Donde el colibrí

incendia su garganta.

 

MAR DE PECES

El mar hace de los peces:

primavera.

La luz se llena de pájaros,

se deshace el viento

la tarde se ahoga en el mar.

A lo lejos dos ríos se denudan

para colmarse de sol.

++++

*Del libro Temblor mediterráneo (1993)

CERECEDO 6

CARACOL

Mi corazón, un caracol

que se abre al oír tu voz de agua.

Tiembla al reptar por mis venas

ahora la iguana de mi infancia

en mis ojos, tus gestos blandos

son del mar, como las olas secas

en la roca.

 

CANGREJOS DE JUNIO

La luna desova su crecimiento

en los charcos,

el manglar apenas disparo de frondas

hacia abajo.

Los cangrejos atorados en el azoro

de sus ojos,

rasgan su miedo en la punta del clima

segura de su blanco.

 

TEMBLOR MEDITERRÁNEO

Muerdo tus pezones,

los redondeo,

con mi lengua les doy forma

para que poco a poco

vayan ahogando su temblor

en mi boca.

 

CIRCUITO DEL HABLA

Abre

mi corazón

con tu lengua,

para que puedas

pronunciar sus latidos.

++++

CERECEDO 4

 

*Del libro Marea del alba (1995)

 

LAS PALMERAS

Los cocoteros

sacuden la madrugada de pájaros con viento,

en los vados que mece la luna en el mar de niebla.

Bosques de humedad caen sobre enero,

la mañana rema tímida.

El invierno huele aún a ponche en los resquicios

de las puertas, los tordos todavía

adormilados talan el bosque con sus alas.

 

ATARDECE

Los pájaros regresan a sus nidos

más negros que la noche.

La primavera más encendida que el día.

Los papanes más lentos que el mes.

Los pericos más verdes que el arroyo.

-sigue atardeciendo- Las chachalacas

y las hormigas ventean el norte

que regresa.

 

HAN LLEGADO

Han llegado los pájaros de lejos a posarse en sus montes

y barbechos, el día se divisa como isla entre milpas.

Y con velero de garzas en las charcas.

Hierven los sonidos de bejucos y de insectos en la poza de alcanfores

que el aire envuelve, ahora la parcela usa como antes el arroyo.

 

LA IGUANA

El vientre de la iguana:

un soplido mínimo  en las ramas;

el viento lo desplaya entre su celo

en aire tierno.

Raya de agua que el monte bebe.

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Redacción

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