A 50 años del 68, de la verdad, ni sus luces. Por José Luis Morales Baltazar

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     Recuerdo lejanamente el 68.

     Imágenes del tren en la estación de Tacuba, el olor del pan amotinándose en mi nariz a la salida de la secuela, la violencia del gobierno cebándose contra los estudiantes…

     Yo era alumno de la Secundaria 15 “Albert Einstein” que aún está sobre la Avenida Tacuba, justo frente al hoy Ex Colegio Militar. La misma donde años antes estudiaron Julieta Egurrola, Héctor Bonilla, Cristina Pacheco (¿o Pacheca?) y creo también Rodolfo Neri, el primer astronauta mexicano.

     Cerca estaba la Escuela Normal de Maestros, a donde yo solía acudir religiosamente los sábados en busca de muchachas y de uno que otro infumable texto. En ese orden estricto.

1968

     Tras estallar el conflicto, las paredes de la Ciudad de México se llenaron de pintas contra el gobierno. Así, en una de la Normal de Maestros alguien trazó una caricatura de Díaz Ordaz, vestido de granadero y con evidentes rasgos de gorila.

    Debajo del dibujo escribió:

     “¿NO QUE NO?”: DARWIN.

     Desde entonces llevo tatuada en mi memoria esa imagen como una forma personal de venganza contra aquellos malos tiempos.

     Del sátrapa Díaz Ordaz aún se cuentan varias lindezas. Era tan feo, pero tan feo, que de haberlo atropellado un coche lo habría dejado mejor.

diaz ordaz

     En su campaña política para la Presidencia de la República, en Tehuacán, Puebla , lo recibieron con carteles y pancartas que a la letra decían: TEHUACÁN CON DÍAZ ORDAZ”.

     Al ver aquello exclamó: ¡A QUÉ SABRÁ ESA MADRE!”.

     En otra ocasión, alguien lo acusó de ser dos caras.

     Él le respondió:

     – ¿Cree usted que si fuera dos caras, usaría siempre ésta?

     Al final de su mandato, y asumiendo que salvó al país del comunismo ordenando el asesinato y desaparición de cientos de estudiantes, Díaz Ordaz cínicamente extendió su mano derecha al aire y dijo: “AQUÍ ESTÁ MI MANO, SI LA QUIEREN TÓMENLA”.

     Nadie le siguió el juego.

     Ha pasado ya 50 años de esto e increíblemente los crímenes que encabezó tal sujeto siguen impunes. Es necesario lavar esta mancha en la historia de México, saber exactamente qué sucedió entonces, identificar y castigar a los culpables que aún estén vivos, como Luis Echeverría Álvarez, y hacer justicia a las víctimas.

     Por el bien de México. Por el bien de todos.

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Redacción

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