A lo largo de un año de pandemia, la mayoría de las personas que han contraído el virus SARS-CoV-2, causante de COVID-19, han tenido efectos secundarios físicos resultantes de la infección.

Sin embargo, la Maestra Ana Patricia González Rodríguez, del Consejo Nacional para la Enseñanza e Investigación en Psicología e integrante del grupo de expertos de Instituto Cloralex, comparte que muy poco se ha hablado de las consecuencias psicológicas que trae este padecimiento en el proceso de recuperación y nos explica estas afectaciones.

De acuerdo al Consorcio de Neuropsicología de España, el paciente con Covid-19 sufre afectaciones neuropsicológicas que van a repercutir de manera significativa en su calidad de vida. En la primera fase sintomática clínica, el sistema inmune se activa por completo y se ha encontrado la aparición de síntomas neurológicos como dolor de cabeza, mareos, confusión, deterioro cognitivo, el cual puede estabilizarse o aumentar dependiendo la gravedad del virus.

Además, este deterioro cognitivo puede manifestarse como disfunción ejecutiva, amnesia leve, alteraciones perceptuales, visión borrosa, ataxia y afectación motriz, los cuales se pueden agravar a una lesión neurológica por hipoxia que puede generar encefalitis.

Así mismo, la pérdida de olfato y del sentido del gusto trae afectaciones en la percepción de la realidad, por lo tanto, la alimentación es afectada. El paciente no experimenta la experiencia de saciedad ligada a la satisfacción que brindan los olores y sabores por lo que, dicha alteración genera una experiencia continua de frustración.

Por otro lado, la población que ha sido diagnosticada con el Covid-19, vive una condición de vida que intensifica el miedo a morir y contagiar a familia. La expectativa angustiada en la que se encuentra el paciente intensifica la ansiedad y la sensación de pérdida de control y certeza, lo cual puede llegar a generar estados de pánico y afectaciones graves de la personalidad como despersonalización y estados esquizoides.

Ahora bien, las condiciones continuas de frustración que experimenta el paciente con Covid-19 incrementan además, la depresión y labilidad emocional que se manifiesta en pérdida del sentido de vida y en casos extremos, ideación suicida.

Los estilos de afrontamiento a la enfermedad dependen de la respuesta familiar, es decir, si la estructura familiar responde asertivamente a las necesidades emocionales del paciente con empatía, acompañamiento afectivo y si la red familiar tiene contención fuerte, la recuperación será más propicia y viable.

Por el contrario, si previamente la estructura familiar funciona desde la falta de comunicación, poca empatía y cero cooperación en la economía y tareas familiares, estas características incrementan las fantasías fatalistas y las respuestas de ataque y agresión. Es decir, el contexto familiar es fundamental para afrontar la vivencia de enfermedad y de recuperación para lograr el bienestar emocional.

Por lo tanto, brindar atención psicológica tanto al paciente con Covid-19 como a los familiares, es una tarea irremplazable durante el tratamiento médico para lograr la recuperación integral, pues es sabido que la respuesta emocional ante la confirmación del diagnóstico puede incrementar la condición de vulnerabilidad o fragilidad de ambas partes.

De igual manera, se debe mantener una comunicación asertiva que privilegie las fortalezas y avances en el tratamiento para brindar al paciente una noción de realidad más ajustada. Finalmente, el bienestar espiritual que el paciente logre crear a través de la meditación será una pieza clave para alentar la expectativa de sanación y esperanza.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here