La llegada de la vacuna contra la COVID-19, lograda gracias al trabajo y dedicación de científicos e investigadores de todo el mundo, no podrá revertir los daños que la aparición del coronavirus provocará a lo largo de los próximos años e incluso décadas, afirmó, el titular de la ONU, Antonio Guterres.

Durante un debate temático en la Asamblea General en respuesta a la pandemia, Guterres recordó que por primera vez desde 1945 la humanidad se enfrenta a una amenaza común que no distingue entre nacionalidad, etnia o religión.

Una discriminación que sí se observa en nuestros esfuerzos para prevenir y contener esta pandemia que ha golpeado con mayor fuerza a las personas más pobres y vulnerables de nuestras sociedades, especialmente en l personas mayores, mujeres y niñas, en comunidades de bajos ingresos y en personas marginadas y aisladas.

Todo ello ocurre pese a la información objetiva y basada en orientaciones científicas que ha proporcionado la Organización Mundial de la Salud desde el inicio de la pandemia, que debería haber sido la base de una respuesta mundial coordinada.

“Lamentablemente, muchas de esas recomendaciones no se siguieron. Algunos países todavía rechazan los hechos y omiten las orientaciones. Y mientras los países toman su propia ruta, el virus se mueve en todas las direcciones”, destacó.

Aunque ya se otea en el horizonte la llegada de la vacuna contra el coronavirus, Guterres destacó que ésta no ha de darnos falsas esperanzas ante el complicado futuro post-COVID al que nos enfrentamos.

“Una vacuna no puede deshacer el daño que se extenderá a través de los años, incluso décadas por venir. Aumenta la pobreza extrema, se cierne sobre nosotros la amenaza de la hambruna. Nos enfrentamos a la mayor recesión mundial en ocho décadas. Estos impactos intergeneracionales no se deben sólo a COVID-19.

Son el resultado de las fragilidades, desigualdades e injusticias a largo plazo que ha expuesto la pandemia. Ha llegado el momento de reajustar”, alertó.

“Desde 2007, la Organización Mundial de la Salud ha declarado 6 emergencias de salud pública de interés internacional. La de la COVID-19 no será la última. Debemos aplicar las lecciones aprendidas si queremos cumplir con las responsabilidades que tenemos con nuestros hijos y nietos”, alertó el luso .

A la vez, destacó la necesidad de que las redes de seguridad social “funcionen” para todo el mundo ya que normalmente fallan cuando son más necesarias.

Al mismo tiempo, destacó la posibilidad de que los países que representan más del 65% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono se comprometan próximamente a la neutralidad del carbono. Una decisión que envía un claro mensaje a los mercados, los inversores y los responsables de la toma de decisiones.

“El 2021 debe ser un año para abordar nuestra emergencia planetaria. Necesitamos un marco de biodiversidad post-2020 para detener esta crisis extintiva. Y debemos tomar medidas urgentes para proteger y mejorar la salud de los mares y océanos del mundo”.

Por su parte, el presidente de la Asamblea General, Volkan Bozkir, dijo que el mundo espera que las Naciones Unidas asuman el liderazgo y tome medidas concretas para abordar el mayor desafío al que se enfrenta el mundo.

Según Bozkir la respuesta a la crisis ha de guiarse sobre tres principios: garantizar un acceso justo y equitativo a las vacunas, trabajar conjuntamente para proteger a los países más vulnerables que se están quedando atrás, en particular los países menos adelantados y garantir que las medidas para combatir la pandemia no socaven las instituciones democráticas que sostienen la solidez de nuestras economías y sociedades

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