El transbordador espacial Challenger está hoy en la mente de muchísimas personas… Este 28 de enero se cumplen exactamente 30 años de que el segundo orbitador del programa del transbordador espacial en entrar en servicio, se desintegrara tras 9 misiones efectuadas desde el 4 de abril de 1983

El Challenger explotó 73 segundos después de su lanzamiento el 28 de enero de1986, causando la muerte de sus siete tripulantes. El nombre de Challenger proviene de una corbeta británica que efectuó una expedición de investigación marina global en el año 1870, y no estaba diseñado para vuelos, pero la NASA consideró que el reciclaje sería menos caro que reequipar el transbordador de pruebas Enterprise para vuelo espacial, como estaba planeado originalmente.

Tras su vuelo inicial, el Challenger voló en más misiones por año que el Columbia. En los años 1983 y 1984, realizó el 85% de las misiones del programa STS, y cuando los orbitadores Discovery y Atlantis se unieron a la flota, el Challenger siguió siendo utilizado para trabajo pesado hasta tras tres veces por año de 1983 a 1985.

El transbordador marcó varios hitos en el vuelo espacial, como lo fue la primera mujer estadounidense, el primer afroamericano y el primer paseo autónomo en el espacio, tres misiones Spacelab y el primer despegue y aterrizaje nocturnos de un transbordador espacial.

Fue además el primer transbordador en ser destruido en un accidente durante el vuelo, cuando una junta de su cohete impulsor derecho, falló. En el momento del despegue, el impulsor derecho deja escapar un humo negro nueve veces en un periodo de 2,5 segundos y se detiene cuando la nave se impulsa. El combustible para cohetes estaba enriquecido con viruta de aluminio que le proporcionaba un mayor poder de empuje, y probablemente la escoria de aluminio selló momentáneamente la fisura de la junta retrasando la catástrofe.

Las juntas fallaron debido a la sobrecompresión repetida durante el montaje, agravado por las bajas temperaturas. Esta anomalía fue advertida por los ingenieros de Morton Thiokol, fabricantes de las partes del impulsor, pero por presión de la NASA los ingenieros cedieron y autorizaron el despegue.

A los 58 segundos, el transbordador pasó por una fase de inestabilidad cuando cruzó por una fuerte corriente de viento que abrió la junta, generándose una columna de fuego que quemó el tanque de combustible externo. El hidrógeno líquido del tanque externo derramado comenzó a arder, el montaje completo viró bruscamente y el Transbordador quedó expuesto a fuerzas aerodinámicas incontroladas, viéndose envuelto en una bola de fuego a 73 segundos del despegue, desintegrándose casi en su totalidad.

Los 7 tripulantes fallecieron al impactar la cabina de la nave contra el océano tras una   caída de casi tres minutos y las circunstancias finales de su muerte se desconocen, aunque la comisión investigadora del accidente determinó como ¨poco probable¨, el hecho de que alguno de ellos estuviese consciente al momento del impacto.

La cabina fue la única sección de la nave que sobrevivió a la explosión, pero no soportó el impacto final contra el océano, desintegrándose junto con sus ocupantes. Los astronautas no disponían de paracaídas o equipo de eyección, tampoco tenían un entrenamiento específico para un caso como ese.

Las escenas del desastre fueron vistas por cientos de miles de personas debido a que el despegue era transmitido en vivo por televisión y en  especial era visto por miles de niños porque por primera vez iba en una nave, una maestra de escuela, Christa McAuliffe

La NASA había estimado las probabilidades de un accidente catastrófico durante el lanzamiento en una proporción de 1 a 438, y la tragedia del Challenger perjudicó la propuesta de la participación de civiles, impulsada por el presidente Ronald Reagan y concretada con la maestra  McAuliffe.  La NASA suspendió temporalmente sus vuelos espaciales hasta 1988.

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