El teatro, cuyo vocablo griego significa “lugar para contemplar”, es la rama de las Artes escénicas relacionada con la actuación, que representa historias actuadas frente a una audiencia usando una combinación de discursos, gestos, escenografía, música, sonido y espectáculo. Es también el género literario que comprende las obras concebidas para un escenario ante un público.

El telón es el lienzo o cortina corredera que separa el escenario de un teatro de la sala y los espectadores, abriéndose y cerrándose bien en sentido vertical como una persiana, o bien en sentido horizontal como una cortina; el llamado telón de boca es el gran telón que cierra la embocadura a la altura del proscenio, el cual se mantiene cerrado antes del comienzo de la representación y durante el intermedio o los entreactos, a fin de ocultar al público los posibles cambios en la escenografía. El término “telón” también se usa para designar el final de la obra puesta en escena, aunque en nuestros días el telón de los teatros no se levanta, pues muchas veces las cortinas se corren a los lados, todavía decimos que “se levanta el telón”.

Los actores griegos y romanos no tenían dicha tela a sus espaldas, sino que sólo el espectáculo de sus mejores paisajes naturales. En la Edad Media, ni el teatro de los juglares, quienes lo efectuaban en las plazas, ni los autos sacramentales hicieron uso del telón, y tampoco fue necesario en los corrales creados en España cuando se recitaba el teatro en verso de Lope de Vega o Calderón de la Barca, los más grandes poetas del llamado Siglo de Oro. Incluso, a falta de telón para dar por terminada una escena decisiva, William Shakespeare se veía obligado a utilizar un personaje que decía “íQue alguien se lleve los cadáveres!” En esos tiempos, a rastras o al hombro, había que sacarlo de la escena para que la historia pudiera reiniciar.

Hubo que esperar hasta 1639 para que un arquitecto de Bolonia, imitando la disposición social del público del teatro cortesano, diera con una herramienta escénica capaz de despachar los restos ya muertos del drama recién terminado y de preparar un terreno formalmente neutro para el que está por comenzar; con la frase íAbajo el telón!, el teatro moderno intentó desdibujar la presencia misma de la muerte. Cuando el rey Carlos II subió al trono en 1660, surgió en Inglaterra el “Teatro de la Restauración” en el que por primera vez se usó una cortina en el arco del proscenio, justo frente al escenario. El prólogo de la obra se leía frente a la tela y después ésta se abría para permanecer así hasta el final de la representación.

Cuando las escenas y los actos terminaban, el público permanecía contemplando el escenario vacío o mirando cómo los tramoyistas cambiaban la decoración, pero en la década de 1750, el telón comenzó a señalar el final de un acto y el inicio de un intervalo. Aun así, muchos teatros evitaron este procedimiento sustituyendo el telón con una tela pintada. En la primera mitad del siglo XVIII al telón se le llenaba de avisos que distraían y tentaban a los que esperaban el comienzo de una revista o de un drama de repertorio.

En 1880, durante la representación en Londres de la obra de Alejandro Dumas, “Los Hermanos Corso”, el telón se usó por primera vez para esconder los cambios de escena. Durante el siglo XIX, a veces se representaba una obra corta y casi siempre humorística, llamada entremés, frente a las cortinas cerradas, para permitir que los espectadores que llegaban tarde encontraran sus asientos antes de que comenzara la función. Hoy en día la moda es prescindir de las cortinas y cerrar las puertas en cuanto la función inicia.

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