Los peces tienen el cuerpo adaptado a vivir en el agua. La forma de su cuerpo responde al lugar que ocupan: los peces alargados, con forma de huso, viven nadando continuamente en el agua, mientras que los más aplanados suelen vivir en el fondo marino, frecuentemente semienterrados para capturar sus presas o pasar desapercibidos a sus depredadores. La forma de la boca de los peces tiene relación con su modo de alimentarse, mientras que sus aletas responden a funciones muy diversas, como la forma en la que se desplazan, de qué se alimentan, cómo se reproducen o se defienden.

No obstante, casi la totalidad de las 20,000 especies conocidas de peces tienen la piel cubierta por escamas. Estas pueden variar en forma, tamaño, extensión, estructura, entre otros, pero la naturaleza de dichos elementos puede indicarnos su desarrollo: como norma general, cuanto más primitivo sea el pez, sus escamas pueden ser más duras y parecidas a una armadura.

Las escamas se producen a partir de la capa de mesodermo de la dermis, lo que las distingue de las escamas de los reptiles. Los mismos genes que participan en el desarrollo de los dientes y el pelo de los mamíferos también están implicados en el desarrollo de las escamas. Por ejemplo, las de un celacanto, el pez que se llegó a pensar se había extinguido hace 70 millones de años, son tan duras y tiesas que los pobladores de las Islas Comodoro las usan para raspar, en lugar del papel de lija.

Otro pez primitivo, el esturión, notable por su forma parecida a la del tiburón y su tamaño de alrededor de una tonelada, tiene hileras de placas pesadas y afiladas a lo largo de los costados.

Por el contrario, los tiburones tienen escamas pequeñas, pero cada una está protegida por una punta afilada de dentina cubierta de esmalte, lo que confiere a su piel un tacto espinoso. En el extremo del celacanto las escamas de las anguilas son tan diminutas y están tan incrustadas en la piel que dicho pez parece no tenerlas. Las escamas se pueden clasificar en placoides, cosmoides, ganoides, cicloides y ctenoides.

Pero no importa el tamaño de cada especie, ya que la función principal de las escamas es la protección. Éstas previenen que los objetos de las profundidades puedan dañarlos, así como los hongos, bacterias y parásitos que quieren entrar en su organismo; además, las escamas permiten a los peces poder realizar movimientos horizontales o verticales en el mar, pues están distribuidas de tal manera que ofrecen la flexibilidad necesaria para que los peces puedan movilizarse.

Otra de las propiedades de las escamas es que si se desprenden pueden volver a crecer, es decir, se regeneran. De esta forma, los peces no quedan desprotegidos y evitan contraer enfermedades gracias a esta protección.

En general, las escamas de un pez son primordialmente un esqueleto externo, una especie de armadura desarrollada como protección contra depredadores o en respuesta al agresivo hábitat en el que viven; ara las especies habitantes en costas y arrecifes, sujetas a repentinas marejadas y cambios de corriente, las escamas necesitan ser gruesas, resistentes y duras para proteger al pez de los golpes y raspones contra rocas y corales.

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