El plenilunio o luna llena es una fase lunar que sucede cuando nuestro planeta se encuentra situado exactamente entre el Sol y la Luna; en ese momento el ángulo de elongación o de fase de nuestro satélite es de 0º y la iluminación es del 100%. El hemisferio visible de la Luna alcanza su mayor iluminación, pero no es posible distinguir con detalle los accidentes de su superficie debido a la ausencia de sombras, aunque es el momento ideal para la observación de los rayos de algún cráter radiado.

En algunas partes del mundo la luna se ve más grande de lo normal, tratándose de uno de los efectos ópticos más misteriosos. Esto ha puesto a reflexionar a grandes pensadores a lo largo de la historia, de hecho se han escrito varias disertaciones universitarias y libros sobre el tema en el siglo XX.

La realidad es que el diámetro de la Luna es de sólo 3,476 km, casi la distancia que hay entre Londres y Beirut; por su parte, el diámetro del Sol mide 1.39 millones de km, es decir, casi 400 veces más grande, de manera que cuando vemos la Luna llena en el cielo, tenemos la impresión de que tiene el mismo tamaño que su contraparte. Esta semejanza de tamaño concuerda con tanta precisión que a veces nuestro satélite natural oculta la luz del “astro rey” por completo, causando un eclipse total.

Pero la semejanza de tamaño es ilusoria: aunque es más pequeña, la Luna parece tener el tamaño del Sol debido a su proximidad; en promedio, éste se encuentra a 150 millones de kilómetros de distancia, 389 veces más lejos de nosotros que el primero, cuestión que en el pasado era diferente porque la Luna estaba mucho más cerca. Hace 1200 millones de años se hallaba a unos 180 mil km y la habríamos visto casi 20 veces más grande de lo que la vemos hoy, pero gradualmente se ha alejado, afectando las mareas en la Tierra.

La atracción gravitacional de la Luna provoca que el nivel de nuestros océanos aumente: si la Luna se halla sobre el Atlántico, la atracción causa una protuberancia en ese océano y otra en el Índico, en la parte opuesta del globo. Estas prominencia las observamos en forma de olas y su efecto por fricción, el cual actúa como freno, disminuye la velocidad de rotación de la Tierra, lo cual prolonga nuestros días un segundo cada 62500 años.

Esto permite que la Luna gire con mayor velocidad y la induce a alejarse: la rotación de la Tierra también tiene un efecto en las mareas; las protuberancias se desplazan hacia el este y el movimiento del agua afecta la fuerza gravitacional de la Tierra pues ejerce una atracción lateral en la Luna, lo que también causa un aceleramiento gradual en su órbita.

En este proceso, dicha órbita se agranda de manera que, aunque la Luna se mueve con más rapidez, tardará más tiempo en completar su traslación alrededor de la Tierra. Se calcula que este proceso seguirá por varios millones de años, hasta que finalmente la Luna tarde 55 días en completar su órbita, lo doble del tiempo actual. Eso no significa que por fin podremos ver el lado oculto de la Luna, ya que conforme ésta demora más en completar su órbita, la velocidad de rotación de la Tierra disminuye, manteniendo ambos cuerpos en equilibrio.

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