Casi todos hemos tenido la sensación de que algunas veces las cosas van demasiado bien y de que por exceso de confianza o por alardear tentamos a la suerte y nos atraemos terribles desgracias.

La idea de que los sucesos alegres de la vida pueden repentinamente convertirse en desgracias o tragedias está íntimamente unida a la superstición de tocar madera, costumbre tan común que difícilmente nos damos cuenta de que es una superstición. Si alguien dice cualquier cosa que parezca provocar al destino, de inmediato procura tocar madera. Concretamente este término lo utilizamos en el momento en el que nombramos un hecho positivo o negativo e incluso lo acompañamos con un par de golpes con la mano sobre una superficie de madera, para tratar de impedir que nos cambie la buena suerte o para evitar la mala.

La creencia de que tocando madera se apaciguan los malos espíritus se remonta a los tiempos paganos, cuando se pensaba que los árboles eran la morada sagrada de los dioses, quienes ordenaban a los árboles florecer y deshojarse. Por otra parte también la protección se le atribuye a las cualidades del roble y la mitología que hay en torno a él, que se remonta a más de 2000 años antes del nacimiento de Cristo, debido a que el roble era considerado un árbol de culto y muchas eran las ofrendas y rituales que se hacían en torno a él.

Y es que las personas estaban convencidas de que las vetas de esa madera eran las moradas en las que se ocultaba el genio del Fuego y de la Vitalidad, divinidad a la que se invocaba para pedir el éxito; al observar que el roble era alcanzado frecuentemente por el rayo, supusieron que era la morada de algún Dios.

Pero curiosamente eran los dioses quienes se encargaban de que algunos árboles como los robles permanecieran siempre verdes, lo cual era signo de inmortalidad; tocar uno significaba respeto hacia los dioses, además de una forma de pedirles favores o de agradecerles los ya recibidos.

Después de la Crucifixión, la creencia pagana se unió a la fe cristiana; es decir, que si Jesús había muerto en una cruz, entonces toda la madera era sagrada. Mucha gente usaba cruces de dicho material y las tocaba en señal de penitencia si se sorprendía pensando o diciendo algo irreflexivamente; también había quienes creían que los había llamado a llevar una vida humilde, ya que la falta de humildad no sólo atentaba contra el destino, sino que era un pecado.

Los “archisupersticiosos” no se contentan con tocar cualquier pedazo de madera: si no hay un árbol cerca, se empeñan en hallar un pedazo de madera sin pintar y lo tocan tres veces o le dan tres golpecitos. Otros insisten en que hay que tocar madera “sin patas”; así, las sillas y mesas de madera no les sirven para contrarrestar la mala suerte.

Es muy interesante notar también que en muchos juegos infantiles, tocar madera implica “protegerse”. El jugador queda a salvo de ser capturado al tocar la base, que usualmente es un árbol o un poste de madera.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here