En un comunicado difundido 8 días después de que la Ciudad de México viviera una de las contingencias ambientales más drásticas de su historia, la Secretaría de Salud capitalina advierte que las partículas PM2.5 y menores pueden ingresar con mayor facilidad al organismo.

Una exposición prolongada como pudo ocurrir con muchos capitalinos a lo largo de la semana en curso, podría derivar de acuerdo con la dependencia local en síntomas de irritación ocular, nasal, faríngea y bronquial.

Asimismo, explica que la exposición a contaminantes atmosféricos se asocia a diferentes daños a la salud, por lo que la afectación depende de diversas condiciones:

-Concentración de partículas suspendidas y/o gases.

-Tipo de contaminantes, su tamaño y sus propiedades físicas y químicas.

-Dosis inhaladas.

-Tiempo y frecuencia de la exposición.

-Características de la población expuesta, entre las que destacan: su estado nutricional y su condición de salud.

-Susceptibilidad aumenta en los extremos de la vida (niños y adultos mayores) cuando las personas tienen patologías coexistentes o preexistentes: metabólicas, hipertensivas, cardiovasculares y respiratorias, como enfermedad pulmonar obstructiva crónica, asma.

En el caso de las partículas PM2.5 y menores, las exposiciones son más peligrosas porque pueden ingresar con mayor facilidad al organismo. Su tamaño permite que al ser inhaladas puedan llegar a los alveolos pulmonares e ingresar al torrente sanguíneo.

Las exposiciones agudas se asocian con un aumento de la morbilidad por enfermedades respiratorias y cardiovasculares, aumento de infecciones respiratorias, exacerbación de cuadros asmáticos, disminución de la función pulmonar, respuesta inmunológica alterada.

Se pueden monitorear a través de identificar el aumento de la demanda de atención médica y de urgencias por estas causas.

Las exposiciones crónicas están más asociadas al aumento de mortalidad por enfermedades respiratorias y cardiovasculares, mortalidad prematura, aumento de casos de asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, cáncer de pulmón y otras neoplasias. Algunas investigaciones también las asocian a partos prematuros y al aumento en la mortalidad por diabetes.

Estos eventos también se pueden monitorear a través de los registros hospitalarios, de servicios de urgencias y estadísticas de mortalidad.

Las recomendaciones para reducir la exposición son:

Evitar o limitar al mínimo posible las actividades cívicas, culturales, deportivas y recreativas al aire libre.

No realizar ejercicio, ni actividades deportivas en espacios abiertos (parques, jardines, centros deportivos, canchas, etc.) por el riesgo de aumentar la cantidad de contaminantes inhalados.

Las personas vulnerables como niños pequeños, adultos mayores y personas con padecimientos cardiovasculares, bronquitis, asma, enfisema, infecciones respiratorias, deberán permanecer en sus hogares.

No cocinar con leña o carbón. No encender velas o incienso.

No fumar.

Si se vive en lugares cercanos a una zona de incendio, donde el humo sea denso, colocar toallas húmedas en las ranuras de puertas y ventanas. De ser posible, retirarse del área.

Acudir al médico si se tiene dificultad respiratoria, dolor en el pecho o síntomas de empeoramiento de una infección respiratoria.

Beber al menos 2 litros de agua diariamente.

Evitar el uso de lentes de contacto si se tiene que transitar por la vía pública.

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