María Antonia Abad Fernández, conocida como Sara Montiel nació un día como hoy, 10 de marzo, pero de 1928, en Campo de Criptana, Ciudad Real, España, una de las diosas del cine ibérico, quien, por cierto, obtuvo también la nacionalidad mexicana en 1951.​

Desde muy pequeña destacó por su belleza y dotes artísticas, incluso, a los 13 años cantó una saeta durante una procesión de Semana Santa en Orihuela, siendo llevada a Valencia por la familia del editor de prensa José Ángel Ezcurra a fin de mejorar su formación.

En 1944 llamó la atención de Vicente Casanova, productor de cine y agente de publicidad, uno de los dueños de la compañía cinematográfica Cifesa. Tuvo su primera aparición en el cine a los 16 años de edad en “Te quiero para mí” (1944), donde apareció como actriz secundaria con el nombre artístico de María Alejandra. Sería a partir de la película “Empezó en boda” cuando usaría el nombre artístico de Sara Montiel, sugerido por el actor y humorista Enrique Herreros.

Sara se sentía insatisfecha de su sitio en la industria española, y después de coprotagonizar El capitán Veneno (1950) con Fernando F. Gómez, decidió probar mejor fortuna en América, y en solo 4 años rodó 14 cintas entre México y Cuba, como Piel canela (1953) que le abriría las puertas de Hollywood para estelarizar junto a Gary Cooper y Burt Lancaster el western Veracruz.

Pronto la joven actriz española se convertiría en una de las figuras cotizadas del momento, junto con Dolores del Río, María Félix, Miroslava, Katy Jurado, Arturo de Córdova y Pedro Infante, entre otros artistas. En 1951 Sara Montiel adquirió la nacionalidad mexicana, y el director Miguel Zacarías, quien dirigió sus 3 películas al lado de Pedro Infante, le cambió el nombre de Sara a Sarita, como parte de un plan que reforzaría el estrellato de la nueva actriz. Gracias a esto , Sara aparece, en los créditos de sus filmes americanos, como Sarita Montiel.

Sarita Montiel participó en cintas mexicanas como Furia roja (1950), con Arturo de Córdova, Cárcel de mujeres (1951) con Miroslava y Katy Jurado; Necesito dinero (1951) con Pedro Infante; Porque ya no me quieres (1953) con Agustín Lara…

Durante su etapa mexicana, y dado que su madre padecía mal de altura en México Sara alquiló para ella una casa en Cuernavaca, lo que propició que conociese a figuras como Diego Rivera, Frida Kahlo y la actriz Merle Oberon.

Sara Montiel logró índices de popularidad que jamás había tenido una artista española.

Su segundo trabajo en Estados Unidos fue la película musical Serenade (conocida en español como Serenata o Dos pasiones y un amor), basada en un relato de James M. Cain y protagonizada por el tenor y actor Mario Lanza. Durante el rodaje de esta producción Sara Montiel conoció a quien sería su primer esposo, Anthony Mann, el director de la cinta.

Durante una breve estancia en España Sara rodó El último cuplé y La Violetera, que develaron su estilo como cantante y que se convirtieron en éxitos de taquilla, en diversos países de Europa y Latinoamérica así como en India y Egipto. Los honorarios que cobró por La violetera convirtieron a Sara Montiel en la actriz mejor pagada del mundo hasta la fecha, firmando un contrato de exclusividad por película,​ y los discos publicados con sus canciones llegaron hasta Grecia y Brasil, superando en ventas mundiales a Elvis Presley y Frank Sinatra.

 En los siguientes 15 años, laespañola protagonizó únicamente melodramas musicales pensados para ella, y alcanzó tal popularidad que actuó en la Unión Soviética en plena Guerra Fría, en 1965.

Se retiró de la industria del cine en 1974, pero como figura musical se mantuvo activa hasta el final: publicó diversos álbumes, ofrecía recitales en teatros y presentó programas de variedades en televisión, además de retomar su faceta musical, con recitales en teatros

Falleció el 8 de abril de 2013 en su casa en el barrio de Salamanca de Madrid tras sufrir «una grave crisis» de la que no se dieron más detalles. La actriz habría sufrido «una muerte súbita» y todo apunta a que se debió a causas naturales, por un fallo cardíaco.

Durante su sepelio, el coche fúnebre con los restos mortales de la artista recorrió las principales calles de Madrid para así poder brindarle el homenaje de sus conciudadanos. En las pantallas gigantes de la plaza de Callao, donde se paró el coche fúnebre unos minutos, se emitieron dos de sus películas más emblemáticas durante dicho acto, La violetera y El último cuplé.

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