La Junta Nacional de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos determinó las causas de la muerte de una mujer en la ciudad de Temple en Arizona, atropellada por un automóvil autónomo de Uber en marzo de 2018.

El organismo responsabilizó en primer lugar a la operadora de seguridad que se hallaba tras el volante aquel día por su “falla para monitorear” el “ambiente de manejo y el funcionamiento del sistema de conducción”, ya que estuvo “distraída” mirando su teléfono durante todo el trayecto.

La Junta señala además que en el desenlace también contribuyó la “inadecuada cultura de seguridad” de Uber, que llevó a la empresa a una evaluación inadecuada de los “riesgos de seguridad” y a una supervisión “ineficaz” de sus operadores de respaldo, susceptibles a distraerse y depender demasiado de las tecnologías del vehículo.

En marzo pasado, los fiscales de Arizona desestimaron que la compañía de transporte tuviera responsabilidad penal por este deceso.

Sin embargo, la Policía opinó de una forma totalmente diferente y aseguró que el atropello fue “completamente evitable”.

La mujer tenía 45 años de edad y se estima que se trata del primer caso conocido de muerte de un peatón por un vehículo de este tipo.

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