La orquesta sinfónica o filarmónica es una agrupación o conjunto musical de gran tamaño que cuenta con varias familias de instrumentos musicales, como los de viento madera, viento metal, percusión y cuerda. Un grupo tiene generalmente más de 80 músicos en su lista aunque en algunos casos llega a tener más de 100, pero el número de músicos empleados en una interpretación particular varía según la obra que va a ser ejecutada. El término proviene de un término griego que se usaba para nombrar a la zona frente al escenario destinada al coro y significa “lugar para danzar”.

El ritual de los conciertos sinfónicos modernos está perfectamente bien establecido ya que los miembros de la orquesta se sientan y afinan sus instrumentos mientras el público se prepara y espera en silencio. Aparece el primer violín o concertino, que es recibido con un aplauso, seguido de la estrella de la orquesta: el director. Pero esto no siempre fue así. ¿Sabías que sólo en los últimos 150 años las orquestas han tenido un director que, con batuta en mano, dirige desde una tribuna? En la actualidad, los directores son los mejor pagados y más respetados de todos los intérpretes musicales debido a que en todo el mundo se requiere de su experiencia, pues ésta es más intensa y variada que la de otros músicos.

Sin embargo antes de que hubiera directores tal y como los conocemos hoy día, las orquestas generalmente eran muy pequeñas, y con frecuencia los compositores dirigían la representación de su propia obra, acompañados de un teclado. Dos ciudades fueron los principales centros de producción musical, catalizadores y forjadores de la sonoridad del nuevo concepto sinfónico de la orquesta: Mannheim, Alemania, y Viena, Austria.

La primera disponía de excelentes medios materiales para experimentar una orquesta disciplinada y estable cuya calidad pudo apreciar Mozart, mientras que la orquesta fue conocida por los detalles de fraseo, la utilización de unos recursos, como los llamados crescendo y diminuendo, así como la precisión interpretativa. En la segunda destacó una serie de compositores a los que, por lo general, no se ha tenido demasiado en cuenta, como Matthias Georg Monn, considerado el más importante por sus aportes al concepto estructural de la sinfonía. Pero fue con Haydn y Mozart con quienes esta forma alcanzó su verdadero desarrollo.

Fue en esta época cuando la estructura de la orquesta sinfónica cambió y los instrumentos de cuerdas ocuparon un lugar predominante. El primer violín tomó el lugar del director, bajando y subiendo su instrumento o agitando el arco para marcar el compás de cada barra. Muchos grupos de cámara aún lo hacen así. A medida que las orquestas crecieron y el repertorio musical se expandió, hubo necesidad de un especialista que dirigiera a los músicos e interpretara las composiciones. Significativamente, muchos directores dirigieron orquestas que interpretaban sus composiciones.

Las grandes secciones de cuerdas de las orquestas modernas, que incluyen 30 o más primeros y segundos violines, y la complejidad de la orquestación crearon una necesidad permanente de que el director y esta parte principal de la orquesta estuvieran estrechamente ligados. El trabajo recae naturalmente en el primer violín, que controla importantes aspectos técnicos de su grupo, tales como la forma en que el arco debe usarse en ciertos pasajes. El primer violín y los otros instrumentos principales de las demás secciones de la orquesta necesitan ser excelentes intérpretes, capaces de tocar las partes de solo que hay en las piezas musicales para orquesta.

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