La organización estadounidense “Personas por el Trato Ético de los Animales”, conocida mundialmente como PETA, envió una carta al Instituto de Investigación de Medicina de Tráfico y al hospital Daping de China en donde les pide dejar de utilizar animales vivos para sus pruebas de choque de automóviles.

PETA acusa que “cerdos y perros vivos son pulverizados en estas pruebas que los dejan con los huesos rotos, y graves lesiones internas antes de ser matados y diseccionados”, asegurando que “no hay ninguna razón justificable para usar animales” en este tipo de pruebas.

El organismo no gubernamental califica los experimentos de “anticuados”, “anticientíficos” e “innecesarios” y apunta que hay métodos modernos y compasivos que no requieren de la participación de animales, como estudios clínicos en humanos, avanzados modelados informáticos, imágenes médicas en 3D y maniquíes sofisticados, entre otros.

Un estudio citado por PETA destaca que cerdos vivos fueron utilizados en China para analizar el trauma toracoabdominal provocado por choques frontales en niños protegidos con cinturones de seguridad. Unos 15 animales fueron sujetados en los asientos de un coche durante simulaciones de alta velocidad, 7 de los cuales murieron a causa del impacto.

Las heridas detectadas fueron “abrasión, contusión, laceración, sangrado y fracturas”, y los activistas subrayan que la estructura anatómica de los cerdos en la zona toracoabdominal difiere de la de los humanos, “especialmente en la curvatura de la columna vertebral.

“Existen algunas discrepancias inherentes entre un ser humano y animales en la anatomía y el funcionamiento que pueden causar errores de comprensión de las heridas de los niños”, citan en su carta las conclusiones de investigadores.

Tras una campaña de PETA, la compañía General Motors dejó de hacer en 1993 pruebas con animales y luego los principales fabricantes de autos siguieron su ejemplo.

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