Un equipo de investigación de la Universidad de California en Berkeley realizó 2 experimentos, uno en un laboratorio del sueño y otro en línea, que les permitieron llegar a esta conclusión de que el déficit de sueño aumenta la sensibilidad de una persona a los factores externos y reduce el umbral del dolor.

Los neurocientíficos estadounidenses midieron en laboratorio la actividad cerebral y el nivel de sensibilidad al calor de 25 voluntarios, aumentando gradualmente la temperatura de su entorno. Inicialmente, realizaron el procedimiento después de una noche de sueño completo, y al día siguiente lo repitieron después de una noche de insomnio.

De acuerdo con los resultados publicados en la revista Journal of Neuroscience, tras un descanso nocturno insuficiente los participantes comenzaron a sentir malestar a temperaturas más bajas. Además, después de una noche de vigilia, la actividad de las partes somatosensoriales del cerebro que reciben señales de los receptores de todo el cuerpo, aumentó en 12%, lo que indica un fallo en los mecanismos neuronales que controlan las respuestas fisiológicas a los estímulos dolorosos.

Por otro lado, los resultados de la encuesta en línea de otros 230 voluntarios mostraron que pequeños cambios en los patrones de sueño contribuyeron a aumentar las reacciones al dolor durante el día.

Adam Krause, uno de los autores del estudio, destaca que “los resultados dejan en claro que incluso cambios muy pequeños en el sueño nocturno, su reducción, que muchos de nosotros apenas analizamos en términos de consecuencias para el cuerpo, tienen un efecto evidente en las sensaciones de dolor al día siguiente”,

Además, la falta de sueño aumenta significativamente el período de recuperación y aumenta el dolor en caso de enfermedad, señalan los científicos, por lo que es necesario garantizar que los pacientes duerman lo suficiente.

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