Entre el ocaso del siglo XIX y el inicio del XX, surgió la colonia Hidalgo como parte de la expansión de la Ciudad de México; un desarrollo habitacional que nombró a sus calles en homenaje a médicos ilustres de la época de la Reforma y el Porfiriato: Eduardo Liceaga, Rafael Lucio, Fernando Zárraga y Leopoldo Río de la Loza, entre otros.

Actualmente, la colonia Doctores recupera parte de su devenir gracias al trabajo de expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia, quienes durante labores de salvamento arqueológico han descubierto elementos arquitectónicos, como muros y pisos, cuya antigüedad se remonta al origen de esta popular geografía capitalina.

Hallados como parte del seguimiento que la institución realiza a las obras de renovación de infraestructura lumínica, de drenaje y sustitución de aceras que el Gobierno de la Ciudad de México realiza sobre las avenidas Chapultepec y Río de la Loza, tales vestigios corresponden a los cimientos de las primeras casas fundadas en esa colonia.

El arqueólogo de la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH, Daniel Santos Hipólito, informa que las acciones de salvamento iniciaron en junio pasado y se extenderán hasta enero de 2021, en un área de 4.61 kilómetros, entre la Glorieta de los Insurgentes y la avenida Balderas.

Para cubrir esa extensión, se crearon 4 tramos de supervisión a cargo del propio arqueólogo Daniel Santos y de las arqueólogas Marlen Palacios López y Martha Araceli García Orihuela, también adscritas a la DSA.

En profundidades que llegan a los 2.50 metros bajo el actual nivel de la calle, el equipo de especialistas han ubicado 45 muros de cimentación, con grosores de entre 60 y 70 centímetros, hechos mayormente con piedras basálticas negras y unidos con argamasas de cal y arena.

Si bien dentro del proyecto no se han recuperado piezas completas, en  calles, como Dinamarca, Havre y Guaymas, se detectaron concentraciones de lozas finas en proceso de manufactura, las cuales, probablemente, por acabados como el denominado ‘oro sobre blanco’, fueron elaboradas para imitar marcas de cerámicas europeas como la Petrus Regout & Co. Maastricht, de Holanda.

Otro hallazgo es el relativo a remanentes de un canal subterráneo de agua,  de 1.20 cm de ancho por 1.70 cm de alto, el cual estaba tapiado con lajas de basalto y, por su ubicación, sobre avenida Chapultepec entre las calles de Morelia y Guaymas, cerca del actual monumento a Giuseppe Garibaldi, pudo haber sido un ramal o derivación del acueducto virreinal de Chapultepec.

 Los arqueólogos teorizan que el canal habría podido llevar agua a un edificio civil, un templo o alguna plaza del barrio de La Romita. Entre la avenida Chapultepec y Enrico Martínez también se han encontrado concentraciones de caracoles acuáticos de la especie Helisoma orbicular y Physa sp.

Como parte del proyecto de salvamento, a cargo del INAH, los arqueólogos han indagado en la historia de esta parte de la Ciudad de México.  Así, comenta Daniel Santos, se sabe que la actual avenida Río de la Loza se ubica en lo que fue la orilla sur de la isla de Tenochtitlan y el campan(parcialidad) de Moyotlan.

“Alfonso Caso, en su obra Los barrios antiguos de Tenochtitlan y Tlatelolco no establece un nombre para el barrio donde actualmente pasa esta parte de la avenida Río de la Loza, pero anota que se encuentra junto a los de Atlampa, Tlacocomulco y Aztacalco”, ligado este último a la citada Romita.

Después de la Conquista, el campan de Moyotlan se consagró a San Juan y fue el hogar de los descendientes de la nobleza indígena tenochca. No obstante, el área que ahora concentra los hallazgos históricos comenzó su urbanización hasta finales del siglo XVIII, según evidencian los distintos mapas consultados por los investigadores, como el de Carlos López de Troncoso, de 1760.

Los terrenos de la antigua colonia Hidalgo (Doctores) fueron por mucho tiempo llamados “La Indianilla”, a partir de 3 indígenas que compartían nombre: María Clara, María Concepción y María Paula. Así se conoció a la estación central de tranvías de la ciudad: La Indianilla.

Cabe anotar que, como parte del salvamento, también se han registrado y protegido segmentos aislados de rieles de tranvía de mediados del siglo XX, a profundidades de 10 centímetros o, incluso, en superficie.

En vista de lo anterior y dado que los cimientos históricos no se tenían reportados en la zona, el INAH ha recomendado a la empresa contratista encargada de las obras de infraestructura, que los vestigios queden protegidos por una geomalla y distintas capas de grava y arena, y así dar paso a las jardineras de la nueva acera.

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