A últimas fechas ha aparecido una fiebre de opinólogos y comentócratas en materia económica en el país. En cada espacio de análisis y reflexión, esta especie de periodistas esgrimen toda serie de argumentos de porqué la economía mexicana se enfila a la bancarrota y el cómo el gobierno de la llamada Cuarta Transformación ha destruido la estabilidad y la salud que gozaban las variables económicas nacionales.

Todo este devenir de comentarios, recurren a una serie de lugares comunes y abordan conceptos, que de tanto mencionarlos, se han vaciado de contenido. Trataré aquí dos de ellos y buscaré presentar un punto de vista alternativo sobre lo que ocurre en la actividad económica del país.

Primer planteamiento: “La economía mexicana está en crisis como producto de las decisiones perniciosas del gobierno lopezobradorista”.  Esto que se dice de forma recurrente, más bien parece una consigna política antes que algo que pueda debatirse con argumentos sólidos. Y es que desde 1970, la economía mexicana se ha caracterizado por tener un comportamiento cíclico que tiene como punto mínimo el inicio y final de cada sexenio, mientras que el punto más alto suele colocarse en el segundo y tercer año de cada administración.

A esta condición estructuralmente bien definida de la economía mexicana, habría que agregar una serie de elementos que han contribuido para que al inicio de esta administración el Producto Interno Bruto se esté desacelerando. Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, así como la menor tasa de expansión que han registrado las economías avanzadas y emergentes en el segundo trimestre del año; han proveído de un entorno de incertidumbre global, frente al cual la inexistencia de una recesión técnica en México parece una buena noticia.

Segundo planteamiento: “Las medidas que toma el gobierno no están dando resultados”.  En general, los sistemas económicos y sociales son complejos; por ello es que las teorías económicas modernas contienen en sus modelos rezagos en los efectos con los que reaccionan las variables. En este sentido, es que las medidas de carácter anticíclico que ha adoptado el gobierno parecen correctas desde un punto de vista lógico, pero seguro es que tardaran en sentirse sus efectos.

La revisión de la calidad del gasto público para reorientarlo a programas sociales con los que se generan transferencias directas a las familias, así como el incremento al salario mínimo; sin duda podrían empujar al alza a uno de los motores del producto interno bruto: el consumo. Por otro lado, las medidas de normalización del gasto público que ha anunciado la Secretaría de Hacienda y la reducción del superávit primario que podría plantearse en el presupuesto del siguiente año, podrían tener efectos anticíclicos positivos sobre la economía. Esto sin duda, tendrá consecuencias, pero con el retardo razonable.

Con todo esto en mente es que el Banco de México ha ajustado a la baja las expectativas de crecimiento para el presente año, pero pronostica que para el 2020 el horizonte del crecimiento del producto interno bruto se recuperará al promedio de los últimos 15 años, esto es entre 1.5 y 2.5 por ciento.

Es previsible que el entorno de volatilidad internacional se mantenga y que a ello se agregue la posibilidad real de que el T-MEC no sea aprobado. Pero también resulta predecible que la guerra propagandística de la oposición a López Obrador siga viendo prietitos en el arroz y desastres económicos que no han llegado.

Twitter: @hrangel_v

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