En esto de deambular por las calles de las ediciones independientes de poesía en México, uno se topa a veces con sorpresas que enfiestan el espíritu… O al menos hacen un ruido tal que parece aquelarre.

Hay tantas lecturas públicas y grupales de poetas, que a menudo da la impresión de estar en un laberinto desconocido, pero casi siempre, entre las disímbolas, agridulces y bipolares voces se distingue y queda el eco de algún nombre, un poema o algún verso.

El poeta que aquí se reseña ya tiene buen camino andado en esos terrenos. Y sus presentaciones suelen visualizarlo como alguien que al parecer no se toma la vida nada en serio, salvo lo indispensable (de cuyos límites sólo él sabe). O quizá lo indispensable es lo único que no se toma en serio, salvo la vida… O vaya usted a saber.

Lo cierto es que un día se le ocurrió hacer un poemario sobre las relaciones amorosas en un hotel, ese sitio donde, para efectos del amor y las razones de la libido, a ratos se es diferente en pareja, en relación al lugar acostumbrado para enamorarse con sexo o sexuarse con amor: se pasa de lo asquerosamente cursi a lo dulcemente vulgar…

Al menos así lo da a entender Sergio García Díaz en su libro Hotel (Editorial Taller de Creación Literaria, México, 2018, segunda edición), un “inmueble” jacarandoso, bullanguero, con varios pisos enlaberintados de habitaciones oscuras, rojizas, anaranjadas y, sobre todo, libres de censura, sin ventanas ni puertas… Casi todo se ve y escucha.

Hay provocadores suspiros, jadeos, risas, palmadas, gritos diversos, “sí-sí-sí”, “así-así-así”, “ay-ay-ay-ay” y otros monosílabos que a ratos se escuchan como palabras y hasta poemas completos…, aunque algunos oídos sólo capten “leperadas”, sandeces, groserías, vulgaridades, nada de poesía.

 

Sergio García Díaz, al tomarse la poesía como la vida misma, sin aburrida solemnidad, suele jugar con las ideas, las ocurrencias, las palabras, los temas, la técnica, el “purismo” en la poesía, la “rectitud”, las “buenas formas”, la “corrección” en el uso del lenguaje al escribirlo en verso.

En Hotel, debo decirlo porque viví un tiempo donde él vive años ha (en la ruda y dura Ciudad Nezahualcóyotl, Edomex), uno como que se siente caminando por las calles de colonias donde hay hoteles “de paso” y, sobre todo, ambiente nada grato para fuereños, pero único y representativo de sus habitantes.

Da la impresión de que, al no haber ni puertas ni ventanas, él mismo toma sus precauciones –quizá para no ser visto con violencia verbal innecesaria o tal vez exhibicionista y hasta un sádico sexual con problemas de personalidad- y en algunos poemas sólo deja entrever la obvia y adictiva lascivia con que una pareja vive el amor sólo cuando convive por un rato en un hotel.

A lo mejor no quería verse cual escribidor vulgar ante quienes, en privado y a plena luz del día, no sólo se encobijan como en invierno, sino que callan hasta los respiros obviamente acelerados, al “hacer el amor” en un lugar así.

El amor es libre y, como tal, no se autocensura, así parezca el más meloso o el más sucio: en este Hotel se comprueba. Aquí, el amor no es el silencio más fino y hay quienes lo verían escandaloso.

Si bien las ediciones independientes de poesía suelen ser de tirajes muy cortos, Hotel ya va en su segundo “acostón” y parece ser que su propietario anda queriendo convertirlo en cadena, así sea de hoteles “de paso”… Por una u otra, al leerlo todos nos vemos reflejados en alguno de los espejos de nuestra habitación.

¿No lo creen?… Miren al menos de soslayo algunos poemas.

ME GUSTAN SUS MISTERIOS

De gustarme, me gusta, señorita

y lo digo y me nacen mariposas

y lo digo y me nacen dulces sueños

y lo digo y me enredo en bellos dedos

y lo digo y me siento desolado.

De gustarme, me gustan sus misterios

y lo digo y me siento palafito

y lo digo y me veo una semilla

y lo digo y recreo su gran figura

como Venus de Milo con arcilla.

De quedarme, me quedo entre sus manos

para acariciar piel con piel su espalda

caminar pie con pie hasta su huerto

y así abandonar feliz el triste karma.

De quedarme, me quedo en dulces sueños

y lo digo quedito y con delirio

y lo digo en silencio muy pegadito

lo digo y lo repito en su latido

de quedarme

me quedo calentito.

 

TU BOCA

Acaso tu boca a cada instante y por siempre

en cada momento y por una eternidad

en cada situación y en espiral

me diga Te amo en un tiempo pasado

pesado, redondo o lineal

no importa,

lo importante es que salgan de sus cuerdas bucales

esas cinco letras,

esa manita de letra con significado y significante

esas dos consonantes y esas tres vocales

quiero que salgan de tu boca y se aniden en mi oído

por siempre jamás.

 

CARNE Y COSMOS XIII

Estoy junto a ti

y la naturaleza no es siempre la misma

viajamos a la velocidad del cosmos

y nuestra carne envejece.

La noche es oscura,

las estrellas nacen y mueren.

Estamos solos y sudamos

todo es efímero y el tiempo se termina

hay que salir del hotel.

La noche es oscura

y nos amamos

con la lentitud de las células procariontes

a las células eucariotas,

con la lentitud con que las estrellas agotan

su combustible nuclear,

con la lentitud con que los hoyos negros se evaporarán

mientras creemos saber dónde está el paraíso.

 

SOY UN ÁNGEL

Soy un ángel que de vez en cuando se emborracha

se acuesta con putas

bellas putas que lo despluman de a poco

hasta humanizarlo.

Soy un ángel que se desploma a lo Leibniz

que mira de una forma sartreana la existencia

hasta ser sólo un cuerpo.

Soy un ángel material que consume silencio

bajo el cielo, sobre el aire, en la luz intangible

que toca en forma agustiniana la gracia celestial.

Soy un ángel converso anidado en un lupanar

anegado en un grano de arena

enredado en las jugosas llamas de los cuerpos

de mis suripantas insomnes.

 

LA CAMA

Sólo quedó la cama desordenada

y un vacío que frágil se acerca a la locura.

Las ballenas se asfixian a las orillas del mar

y el cuarto de los inquilinos va quedando en ascuas

mientras las paredes se hacen polvo

y un ojo mira por la ranura

los días que lentos gimen.

De una esquina no queda nada

ni una sola piedra

sólo arena sobre arena y música

y una colección de frío sobre las sábanas.

Repentinamente vuelve tu aroma

miro la foto donde te alzas el vestido

y enseñas el cuerpo desnudo como un milagro.

No sé qué voy a hacer con la soledad

con las flores secas

con el corazón que amenaza con salirse

de su jaula.

Tenderé la cama

nada más porque se ve mejor.

Abriré la ventana, tal vez me nazcan alas

y miraré cómo crece la sombra del cactus.

 

SIN TI

Es como estar enterrado sintiendo en carne viva

sin armadura, sin armas, sin nada,

como un ente con ser al exceso.

Es como estar en una complejidad ahistórica

yendo a la deriva en un camino de cardos.

Es como andar peripatético sin pensamiento

sin sabor, sin saber, sin ton ni son

bailando endemoniado sobre el viento.

Es como un llanto sin pecado ni gloria

sin saber de los remansos del río

agonal sin sombra libidinosa

sin cerebro, sin que la espiga toque el sol.

Es un espacio vacío horadado

por el desasosiego.

Es como si fuera un poeta romántico

sin su Fuensanta, sin su Avellaneda

sin su Beatriz,

sólo en la soledad de las palabras.

ME GUSTAS

Me gustas desde que usabas pañales desechables. Me encanta verte el trasero, agacharme para ver tus calzones, si son azules mejor. El azul es el color de la poesía y a mí me gusta leer y escribir poemas. Poemas que tiñan de luz tus nalgas, poemas que se arrastren por encima del aire y lleguen a tus caderas, poemas que invadan el tiempo y lo detengan en tu sonrisa. Azules son mis gustos por tu vientre. Mis gustos se enaltecen cuando ráfagas de tu aroma entra por mi nariz. Mis gustos son azulados cuando tu apiñonado cuerpo se queda desnudo frente a mi cara. Me gusta cuando quemas tus naves y te quedas de rodillas rezando frente a mi desnudez.

 

MIS DEDOS

Acaso en esta noche meta mis dedos en esa rajadura

y saque el amor de tu entraña.

Acaso esta noche no digas apaga la luz

y vea la llama que incendia la hoguera que me guía.

Acaso mis dedos y tus dedos pasen por nuestro cabello

una y otra vez hasta que amanezca

y te vea salir rumbo al baño

y escuche tu orina como si fuera el canto del cenzontle.

Acaso cuando regreses

bamboleando tus tetas

te diga: Te amo.

 

 

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