El poemario en comento, “Cascar áspero canto”, de la escritora mexicana Bárbara Oaxaca, no es de reciente publicación, pero merece ser renovado cada año, al menos de este modo. Contiene 42 poemas de diversa extensión, aunque la mayoría son cortos. Muchos podrían complacer a quien sea que los lea, otros quizá parezcan un tanto “selectivos” o que no cualquiera los entienda.

Son más los “duros”, de tema “serio”: sociales. Desde el título se advierte su peso. Pero al leerlos se comprueba su liviandad o interior aterciopelado, esa virtud necesariamente adjetivable porque de algún modo hay que identificar su calidad poética y alcance colectivo del mensaje dicho con diversas figuras poéticas fáciles de leer y asimilar.

Si “Cascar áspero canto” (Editorial Verso Destierro, México, 2011) se lee de corrido, no queda tiempo para pensar en salirse de ese mar con oleaje convulso y arremolinado de palabras, conceptos, ideas, pensamientos individuales y razones colectivas. Se puede aprender a nadar en él, si no se tiene tal habilidad.

Las vivencias propias de Bárbara y todo lo que su mirada ha llevado y almacenado en sus neuronas volviéronse dentro de ella púas pensantes no aptas para pieles fácilmente desgarrables. Alguien dijo que su temática primera en este libro (la clase obrera) la hace ver como una especie de moderno y femenino Vladimir Maiakovsky, el descarado y descarnado poeta ruso que en la post Primera Guerra Mundial arrastró multitudes en sus presentaciones en Europa, sobre todo a jóvenes ansiosos de una voz que sintieran suya en las palabras y gritarlas con su entusiasta estilo de decirlas en público.

Pero la poesía no debe ser de imitaciones. Bárbara Oaxaca tiene una voz especial para escribir, además de ser la voz de una mujer que conoce y a quien le preocupa la realidad de su país y se ocupa en conocer el mundo en todos sus sentidos. Por eso es buena poeta. Coincide con Maiakovsky, sí, en que no son versos panfletarios, pero no por ello, como en el título del libro, dejan de ser ásperos, hirientes, corajudos, punzantes. Obvio, los entiende así sólo una mente socialmente sensible, incuestionablemente humanista e incluyente.

Alumna en el taller “Juntaversos”, del poeta uruguayo-mexicano Saúl Ibargoyen, se ganó su letra en una hermosa y atinada presentación, en la que dice de la poética de su discípula:

“La autora se sustenta en aspectos fragmentados del mundo clásico mediterráneo, de la literatura sagrada y de diversas disciplinas y técnicas, junto con un verso libre de ajustado impulso métrico, juegos anafóricos, oportunas aliteraciones, etcétera, que una imaginación equilibrada y fértil combina admirablemente”.

Bárbara Oaxaca es soprano, egresada de la carrera de Canto, en la Facultad de Música de la UNAM. Canta hermoso y en varios idiomas. En 2019 publicó su segundo poemario, “Antifonario” (Editorial Letras de barro). Sus poemas han sido incluidos en diversas antologías. Participa a menudo en recitales, tertulias, festivales y encuentros diversos de poesía y música. La pueden encontrar y ver/escuchar en su cuenta de Facebook.

https://www.facebook.com/barbara.oaxaca.333

Aquí, algunos poemas de “Cascar áspero canto”.

LAMENTO Y RESPUESTA A “UNIDAD”

Sin embargo, querido Alejandro

hoy tus milenarias ruinas incaicas

sólo dan su combativo testimonio

a las avecillas del campo y a las nubes pasajeras

y en el corazón de las mías

gloria de estirpe teotihuacana

se erige un walmart (en profanación).

Y el hombre del pueblo

hoy piensa en otras cosas.

El joven estudiante mira con desprecio al campesino

el campesino escupe “indio”

el indio grita “vieja”

la mujer responde “naco”

el humilde increpa “puto”

el gay contesta “buga”

el heterosexual grita “mediocre”

señalando al obrero

y el obrero no replica…

hace largo tiempo que el obrero no replica.

Guardado en el desván el manifiesto

sube el volumen

y sólo exclama

¡gol!

VIEJOS CONOCIDOS

Me conocen.

Con el empedernido pudor de un informante.

Conocen el ritmo de mi paso hollando los concretos

la finífera extensión de mi cabello

la hora de la siesta y la del sexo

los nombres de mis hijos.

Conocen a detalle la secretísima costumbre

el nocturno escabullido

la sal en la garganta.

Poseen un catálogo

de la puntual gangrena de mis huesos.

Saben de mi sucio repertorio, el indecible.

Conocen la clave del carnet

la de la entrada

el número de cuenta

el libro predilecto.

Poseen un expediente mío

guardado en un turbio contubernio.

Me conocen de pies a corazón alzado.

Saben la genética convicción de mis latidos.

Me conocen (y saben que sé)

y sé que saben.

Me conocen, nos conocen

y nosotros a ellos.

EN LÍNEAS NORTE

Un enjambre de manos

teje este largo aliento matutino.

Sobre licor de cacao

se hinca un colmillo solar impertinente.

A través de charcas aceitosas

el obraje se duplica.

Desde dentro del reflejo

textura de ébano y de cobre

vahos de diesel eructan las recuas taciturnas.

¿Cuál es el mundo real?

¿Cuál es el dentro y cuál el fuera?

Esta es la morada de las manos

que cincelan el pilar del mundo.

Aquí es medida de tiempo

el invicto paso de las nubes.

El taller y la superficie áspera

de su canto de metal

lenguaje de piedra y de varilla

donde el tiempo se desgaja en horas-hombre

y el trabajo es la puerta de pasillos

que bifurcan infinitamente.

(Espejismo de palabras

polvo de letras para honrar estos oficios).

HORAS EXTRA

Esta tarde he visto tus ojos veinte años después

agazapados en algún vagón

del subterráneo.

Casquete corto y corbata gris

o áspera melena

como quieras.

Dime entonces

con qué extraña suerte de clarividencias

me acosas en horas extra de jornada.

INVOCACIÓN EN HORAS DE OFICINA

(Fragmento)

V

A menudo por la tarde

conversas con mis voces.

Tan suaves charlas

como regio es el lenguaje de la fábrica.

Suaves

no por cierto como el fuego que prende tu memoria

ni obstinadas como mis afanes. No.

Suaves como tú mismo cuando eres aire

sauce o lirio.

Fluir de frescas charlas

cristalinas

transparentes

especialmente al final del turno

cuando, camino a casa, me acompañas

y charlamos, charlamos

a pesar de este luto riguroso

a pesar de que no estás

de que ya no estás.

VI

Y después las preguntas obligadas:

¿si no había rumbo

para qué tanto camino,

tanta huella?

¿Para qué tanta primavera derramada

tanta invocación

tanto fruto apetecido?

¿Para quién es este cuerpo como tierra infértil?

¿Para quién tanta palabra?

¿Y esta tarde, triste como un taller

dejado de la mano del obrero,

                   para quién?

JOVEN OBRERO

Un niño apenas

Ccon la tersura del agua

un niño de carne transparente

niño-cuenca en el albor de su epidermis

tierra de limo

todo horizonte habita en su mirada

y en su pectoral florecen girasoles

y su vientre es la canción de una campiña

vírgulas floridas salen de su boca

y las manos

manos de raíz ocote

savia de ahuehuete

manos-resina

manos-brasa

arde con ellas

las cimbra el tablero, el torno.

Un niño apenas con su carcaj de cuero

y el destornillador

y la pinza

y el cuchillo

Floreciendo.

BAÑO DE MUJERES

En el baño de mujeres

se dan cita las diosas que dan vida

y las que se rehúsan

las subversivas de la tradición

las habitantes día y noche de los templos

las diosas que habitan otras diosas

aquellas que aceptaron

la metáfora de una flor como su imagen

las navegantes de su ruta lunar

en la mar enrojecida

las que guardan en su bolso de mano

el vértice del cosmos

entre rizadores y peinetas

y juntas inundan de ritual

ese baño de mujeres

completan esa mitad con la otra en el espejo

y entero el universo así (por un instante)

entornan la mirada hacia el futuro

trazan con bilé su ruta colectiva

desechan o cultivan el instinto de hacer nido

depositan el miedo en el retrete

o lo hacen dios y hombre y se fecundan con él.

Humo de cigarrillo

es el incienso femenino.

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