La emergencia sanitaria hace evidente la necesidad  de estudios simultáneos en poblaciones animales y humanas para identificar si podemos transmitir el SARS-CoV-2 a los animales, en especial domésticos, y si éstos pueden ser un factor para mantener la enfermedad, afirmó Gerardo Suzán Azpiri, investigador de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM.

El también integrante del Laboratorio de Ecología de Enfermedades y Salud,  explica que  “hay diferentes linajes de coronavirus que afectan a camellos, ratones, roedores, liebres, cerdos, gatos y aves, y han evolucionado con sus hospederos, principalmente murciélagos, pero no sabemos si esta nueva cepa que nos afecta impactará en las especies con las que convivimos”.

De hecho, agregó que han descrito más de 20 tipos de coronavirus en especies de murciélagos del centro y sur de México.

Tampoco se tiene conocimiento de la posibilidad de que algunas especies con las que convivimos pudieran mantener el SARS-CoV-2 y transmitirlo. Además, hay incertidumbre respecto a si especies silvestres únicas en el país pudieran verse afectadas.

Para saberlo se requiere de una colaboración estrecha con instancias del sector salud, las encargadas del medio ambiente y de la salud animal, para realizar monitoreos sistemáticos, dice, Suzán Azpiri, quien subraya que “estamos buscando fondos para hacer estos estudios, desde un acercamiento multidisciplinario”.

El doctor en biología, con posdoctorado en medicina de la conservación, indicó que la pandemia de COVID-19 es una evidencia de que los humanos compartimos infecciones con muchas especies animales, que tenemos receptores celulares similares y podemos ser reservorios de patógenos y dispersarlos a nivel mundial.

Suzán Azpiri explicó que epidemias como la que enfrentamos se relacionan con cambios en los ecosistemas por la deforestación, la pérdida de la diversidad biológica, la cacería y el tráfico ilegales de especies, y extracción de recursos naturales.

“Es necesario insistir en que conservar la biodiversidad es proteger la salud humana. Mantener los ecosistemas permite tener agua potable, oxígeno, producción de alimentos, gran cantidad de especies y, a la vez, se regulan las poblaciones de los reservorios y vectores de enfermedades.

“Afecciones relacionadas con los murciélagos, como la rabia; con roedores, como el hantavirus; o la enfermedad de Lyme, transmitida por garrapatas, ocurren principalmente en lugares con altas tasas de deforestación”, ejemplificó el especialista universitario.

Esta pandemia es ejemplo de lo que ocurre cuando invadimos nichos de especies y las extraemos sin ningún control, pues generamos escenarios de riesgo, subrayó.

Es necesario trabajar en la prevención, a partir de la conservación de especies. “Hay que preparar listados de las que pueden representar un riesgo, así como de los virus, bacterias y protozoarios más importantes. Luego, hacer análisis de datos y generar modelos para identificar escenarios de riesgo en diferentes regiones del país”.

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