Científicos encontraron una nueva grieta en el glaciar Petermann, ubicado en el extremo noroeste de Groenlandia, de una extensión de 1.295 kilómetros cuadrados, cosa que puede derivar en la aparición de otro gran iceberg.

Según un estudio, la tasa de flujo del glaciar a través de los fiordos aumentó un 10% desde las fracturas que sufrió en 2012, momento a partir del cual se formaron nuevas grietas. Por lo tanto, si se produjera una quiebra, su desplazamiento rumbo al océano sería aún más rápido.

Para el Journal of Geophysical Research, ese bloque de hielo, de entre 15 y 20 kilómetros de ancho, se extiende a través de 70 kilómetros en el fiordo Petermann, mientras que las grietas están ubicadas a 12 kilómetros del borde del glaciar,

Tras analizar las imágenes por satélite de los últimos 10 años, glaciólogos del Instituto Alfred Wegener del Centro Helmholtz para la Investigación Polar y Marina, explican que el glaciar registraba una velocidad de flujo de unos “1.135 metros por año en el invierno de 2016”, lo que representa una “aceleración de alrededor de 10% en comparación con el invierno de 2011”.

Martin Rückamp, autor del estudio, explicó que “en su camino hacia el mar”, el glaciar roza con “las paredes rocosas” del fiordo, por lo que si un iceberg se desprendiera, “se reduciría la longitud total de la lengua” y la superficie de roce, lo que provocaría que “el glaciar comenzara a fluir más rápido”.

Por último, los investigadores reiteraron que nuevos desprendimientos derivarán en una aceleración similar a la ya experimentada y, aunque no pueden predecir cuándo ocurrirá, señalaron que una vez que suceda, la lengua de hielo “se retirará considerablemente y el efecto estabilizador de la roca disminuirá aún más”.

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