El hombre acusado de matar a 50 fieles musulmanes en 2 mezquitas de la ciudad neozelandesa de Christchurch escuchó el viernes a un juez federal que ordenó que sea sometido a examen psiquiátrico para determinar si puede ser sometido a juicio, cosa que recibió sin emoción alguna: impasible.

Sobrevivientes y familiares de víctimas de la matanza del 15 de marzo acudieron a la corte aunque el australiano Brenton Tarrant fue visto solo en un video de circuito cerrado desde la prisión de máxima seguridad en Auckland, donde está detenido.

El sujeto, de 28 años de edad, extremista de ultra derecha, enfrenta cargos por 50 homicidios y 39 tentativas de homicidio por el tiroteo en las mezquitas. En las imágenes de video fue posible ver que Tarrant permaneció sentado e impávido, aunque parecía escuchar con atención el proceso, y su próxima presentación ante el tribunal está prevista para el 13 de junio.

Las galerías del tribunal estaban repletas de gente que deseaba ver al responsable de la mayor matanza de la historia moderna de Nueva Zelanda, y aunque el público podía ver a Tarrant en las pantallas, el acusado solamente podía ver al juez y a los abogados.

Para la mayoría de los presentes, fue la primera oportunidad de ver el rostro de Tarrant.

Antes de la matanza, Tarrant divulgó en redes sociales un manifiesto en que se identificó y describió como un supremacista blanco que pretendía vengar ataques perpetrados por musulmanes en Europa. El video de su ataque a las mezquitas de Christchurch fue transmitido en vivo.

Tarrant fue acusado por un asesinato como medida de seguridad para mantenerlo bajo detención hasta la presentación de nuevos cargos. Despidió a su abogado de oficio tras su primera comparecencia, el 16 de marzo, lo que hace temer que quiera defenderse a sí mismo y usar su juicio como una plataforma de propaganda.

Sin embargo, dos abogados de Auckland -Shane Tait y Jonathan Hudson- se presentaron en la corte como nuevos defensores.

Los medios de comunicación tienen prohibido grabar y fotografiar al acusado. Las imágenes de Tarrant solo pueden ser divulgadas después que su rostro haya sido modificado, para evitar que las fotografías sean utilizadas como propaganda.

De igual modo, la justicia determinó que los nombres de las 39 personas heridas no sean divulgados, alegando que la identificación podría afectar su recuperación.

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