El fin de semana registró varios enfrentamientos en Sao Paulo entre seguidores y adversarios del presidente Jair Bolsonaro, en un país sin gobierno en donde la crisis del coronavirus acumula más de medio millón de contagiados y 30 mil muertos.

El presidente, quien se opone a las medidas de confinamiento decretadas por varios gobernadores que siguen las recomendaciones de la OMS, participó sin mascarilla en una manifestación en Brasilia contra la corte suprema, en donde hay varios expedientes abiertos en los que estaría implicado el ultraderechista.

Brasil, con 210 millones de habitantes, es el cuarto país con más muertes por coronavirus, detrás de Estados Unidos, Reino Unido e Italia.

Los enfrentamientos de Sao Paulo se produjeron entre participantes en una manifestación “contra el fascismo” y bolsonaristas contrarios a las medidas de confinamiento.

En redes sociales, seguidores del presidente denunciaron un plan para derrocarlo y en el cual estarían legisladores, jueces y medios de comunicación. Uno de los hijos del presidente, el concejal de Rio de Janeiro Carlos Bolsonaro, dijo en su cuenta de Twitter que “tenemos que felicitar a la prensa por el esfuerzo absurdo de ver una ‘defensa de la democracia’ en un acto con miembros que portan cuchillos”

Antes de saludar a sus seguidores, el presidente Bolsonaro sobrevoló el lugar en helicóptero y luego montó un caballo de la policía que custodiaba la manifestación, mientras era ovacionado por sus simpatizantes.

El juez decano del Supremo Tribunal Federal de Brasil, Celso de Mello, comparó la situación actual del país con la Alemania de Adolf Hitler y destacó la necesidad de resistir ante la “destrucción del orden democrático”.

“Guardando las debidas proporciones, el ‘huevo de serpiente’, la similitud a lo que sucedió en la República de Weimar parece estar a punto de eclosionar en Brasil”, señala en una nota enviada al resto de jueces de la Corte y recogida por la prensa.

Mello insiste en “resistir ante la destrucción del orden democrático, para evitar lo que sucedió en la República de Weimar cuando Hitler, después de ser elegido por votación popular y luego nombrado por el presidente Paul von Hindenburg como canciller de Alemania, no dudó en romper y anular la progresista, democrática e innovadora Constitución de Weimar para imponer al país un sistema totalitario de poder”.

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